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El despertar sexual de Miriam (corregido).
Fecha: 04/11/2026, Categorías: Jóvenes Tus Relatos Autor: angeel04, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... piropos, y ella solo los volteaba a ver con esa hermosa cara y les dedicaba una media sonrisa a los que la chuleaban, no dándose cuenta de que esto hacía que se les pararan las vergas a los machos. Hasta que llegó a la esquina de la calle: se paró un auto de lujo que le encantaba a Miriam, una camioneta BMW. El tipo que la conducía era un hombre de más de 50 años, que le dijo a Miriam, al verla de arriba abajo: —Hola, nenita, ¿no quieres dar un paseo? Súbete, ¿no la quieres ver por dentro? Te va a gustar mucho. Mmm, nenita, qué nalgotas, qué rica estás, anda, anímate. Miriam se quedó impactada, excitada un poco, porque nunca un viejo de su edad y con dinero le había dicho eso. Solo respondió: —No, señor, gracias, es que tengo prisa; sí me gustaría, pero mi papi me está esperando. El viejo le respondió: —Ni modo, nenita, será después; pero si te animas te dejo mi tarjeta, llámame cuando quieras, te la vas a pasar muy bien. Miriam tomó su tarjeta y se la guardó; sentía la humedad en su vagina, se sentía algo mal por los valores que le habían enseñado sus padres, pero su cuerpo le decía otra cosa. Caminó hasta llegar a una esquina y vio a un grupo de trabajadores del ayuntamiento que estaban reparando la calle, tipos de arriba de los 40 años. La chica se bajó de la acera y mejor comenzó a caminar por la calle; estos, al verla, le dijeron: —Estás como para metértela toda la noche, mamacita, qué ricas nalgas tienes; cómo quisiera meterte la verga por el ...
... chiquito, humm; chiquita, ¡tienes unas tetas tan ricas, que te las mamaría durante horas! A la salida de la farmacia sabía que el viejo no le quitaba la vista a su exuberante trasero, que lo meneaba de un lado a otro. De regreso fue lo mismo: le decían de todo tipo de cosas. Podía sentir las miradas lascivas de los machos a sus redondas nalgas; era una jovencita que exudaba sexualidad como ninguna. Los hombres la miraban hipnotizados, cómo movía de un lado a otro esas nalgotas y cómo se le marcaba su pequeño bikini a través de la faldita del vestido; era todo un espectáculo para los vecinos admirar a la chamaca. Don Memo era un hombre moreno, viejo, como de 55 años, de 1,70 m, greñudo, con una cara horrible y una tremenda barriga; comandaba a los trabajadores del ayuntamiento, integrados por otros tres viejos cincuentones. El viejo Memo había seguido, como hipnotizado, el contoneo de las nalgas de la joven hasta su casa, averiguando que vivía en la tienda de la esquina, sabiendo que iba a ser cliente de ese lugar. La joven observó que la seguía, sintiéndose algo excitada, y por lo contrario caminó más lentamente para que el viejo disfrutara más viéndola. Al entrar a la tienda, Miriam se asustó un poco al ver al viejo, que entraba también; estaba su papá en la tienda. El viejo entró como cualquier otro cliente, a comprar unos cigarros, sin dejar de observar a la joven. Miriam solo volteaba hacia otro lado cuando veía que el viejo la veía, pero no pudo evitar voltear a ...