1. Arrepentidos los quiere Dios. (Capítulo 62)


    Fecha: 23/05/2019, Categorías: Otras Categorías, Autor: Febarsal, Fuente: CuentoRelatos

    ... visitaban con asiduidad las más relevantes personalidades de aquel Régimen; y que un servidor era el encargado de que todo transcurriera con normalidad.
    
    Esa actividad, digamos que me daba derecho a "probar la mercancía". por lo que "caté" prácticamente todas las niñas que por allí pasaron en aquellos años.
    
    Pero resulta, que la mujer de hoy es muy distinta a la de ayer. Los roles de macho y hembra estaban antes tan definidos, que una mujer por muy puta que fuera, andarle en el culo a un tío, era algo impensable. Salvo excepciones.
    
    Sin embargo, la mujer actual, sabe muy bien, que el ano del hombre es una zona erógena llena de ricos matices sexuales, y como explorarlos.
    
    Fumando un cigarrillo en la cama, le conté a Sonia la aventurilla que nos corrimos Enrique Puig Domenech y yo en Barcelona, y como Silvia me anduvo con su dedo en mi ojete.
    
    --¡Ah! ¿Pero te gusta que te anden por "el bujerito"?
    
    --Si hace años, una tía me anda "por ahí", le hostio, dije con ironía.
    
    --Dime la verdad Fernando. ¿A qué te gustó?
    
    --¡Joder que sí! Pero si se entera algún amigo que me gusta, me va a tratar de maricón.
    
    --¡Pero que tontos sois los hombres de antes! Mira Fernando, me consta que eres muy macho, pero hoy vas a ser una puta.
    
    --¡Pero qué coño dices...! ¿Estás loca?
    
    --Vas a probar algo distinto, algo que en tu vida podías ni imaginarte: gozar como una mujer, porque las mujeres gozamos en la cama infinitamente más que vosotros. Tú, déjame hacer.
    
    Y le dejé ...
    ... hacer.
    
    Me pintó los labios, me dio colorete en la cara, y me puso las braguitas malvas que acababa de quitarse. ¡Mira! sentir el calorcito y lo mojadito de su entrepierna en la mía, ya me puso "a mil". Además, que me quedaban muy monas en mi culete respingón.
    
    Sacó de su bolso cinco mil pesetas y dijo.
    
    --Toma.
    
    --¿Y esto que coño es? Pregunté asombrado.
    
    --El pago de tus servicios, yo siempre pago a las putas con quien me acuesto, no como tú, pedazo de cabrón, que te las follabas por la cara.
    
    Quedé abducido ante actitud tan insólita, pero ver aquel pedazo de mujer como me estaba manejando y sometiendo a su voluntad, me entró como una especie de abandono a mis instintos de macho, y seguí haciéndome dejar.
    
    Me situó boca abajo, y posó sus hermosos pechos sobre mis glúteos, diciendo a continuación.
    
    --Pero que buenas estás, pedazo de zorra, tienes un culo precioso, te lo voy a follar hasta que revientes de placer.
    
    No sabía qué hacer ni decir, sólo me acuerdo que cerré los ojos.
    
    --Aúpa el culo, cacho puta, que te la voy a meter.
    
    Aquello me estaba empezando a gustar, así que aupé el culo tal como me pedía. No podía ver nada por la posición que me encontraba, pero si sentí sus dos manos como bajaban hasta los tobillos la braga que me había colocado. Notaba como me abría la raja del culo, y en la embocadura percibía algo caliente y espeso que se deslizaba por todo su contorno.
    
    El placer que sentía empezó suave, pero llegó un momento que no podía resistirlo. ...