1. Los masajes relajantes de YOL


    Fecha: 30/07/2019, Categorías: Otras Categorías, Autor: Alvaroalba, Fuente: CuentoRelatos

    Hola, lo que podréis leer a continuación es el tercer relato de una serie que he decidido escribir como recuerdo de las experiencias vividas a lo largo de los años de actividad sexual plena y que son absolutamente verídicos, sin maquillaje y sin adornos para decir que nadie era súper nada ni increíblemente nada, ya me entendéis, sexo diferente, pero al fin y al cabo sexo entre personas normales. Por cierto, quería pedir disculpas por las pequeñas erratas de mi texto anterior y las que pudieran aparecer en este, pero escribir sobre estas cosas acelera la mente y mi torpeza gramática
    
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    Ya hacía algún tiempo que conocía a Yol, nuestra relación había empezado de un modo casual. Siendo ella mi peluquera lo normal es que la conversación se limitará al tiempo y a las absurdas revistas del corazón, pero no, no fue así, como dos polos que se atraen nuestra sexualidad inquieta fue abriéndose paso en nuestras conversaciones como un tren de mercancías imposible de parar.
    
    Las relaciones de pareja complicadas y nuestra pícara mente rápidamente nos hizo descubrir nuestras las cartas. El teléfono de vez en cuando ardía con tórridas conversaciones acompañadas de fotos que iban desde lo erótico a lo obscenamente explícito. No tardó en darse el primer encuentro real entre nuestros cuerpos, pero no es ese el momento que quiero contaros, o quizás sí, pero en una próxima ocasión.
    
    Yol es una peluquera preciosa, con una piel suave y morena, su mechón de color atrevido en ...
    ... el pelo le da un punto travieso que después refleja en sus manos. Los pechos de buen tamaño se coronan con unos preciosos y traviesos pezones que se endurecen al contacto. Sus caderas anuncian un culo y unas piernas dignas de ver sobre todo cuando te permite observarla a cuatro, expuesta y lista para ser follada.
    
    Además de su arte con las tijeras y su cuerpo Yol tuvo a bien aprender a dar masajes terapéuticos, cosa que no tardó en explotar su jefe ante su sugerencia. Cuando me lo comento en una de mis visitas a la peluquería mi sonrisa debió dejarle claro quién iba a ser uno de sus clientes fijos.
    
    La primera cita no tardó, invocada en nombre de unos falsos dolores de espalda que necesitaban su atención. Todo hubiera sido sencillo si los mensajes al móvil el día anterior no hubieran encendido por momentos la relajante sesión.
    
    “Tengo ganas de que llegue mañana” le dije.
    
    “¿Y eso?”, siempre sentía el azote de esa indiferencia y frialdad con la jugaba descarada.
    
    “Quiero sentir tus manos” insistí.
    
    “¿Por qué te duele mucho, mucho la espalda?”, seguía en sus manos y le gustaba.
    
    “Ya sabes porqué…”, sonaba a suplica.
    
    “Dímelo”, Yol siempre fue así. Jugaba sin parecer importarle, indescifrable, dejándote con la sensación incomoda de no saber si ella también lo deseaba o no.
    
    “Sabes que quiero ser tuyo” … no podía evitarlo, estaba en celo, un celo por ella que como ninguna conocía mis perversiones más oscuras.
    
    “Tráete cositas”. fue uno de los últimos textos que ...
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