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Los masajes relajantes de YOL
Fecha: 30/07/2019, Categorías: Otras Categorías, Autor: Alvaroalba, Fuente: CuentoRelatos
... pude leer. Tras 24 horas de ansiosa espera llegue a mi cita en la peluquería. Un saludo sobrio, lógico para el lugar de trabajo dio paso a sus palabras, “ven acompáñame”, la seguí hasta una pequeña salita adaptada para las depilaciones, apenas una mesa de masajes y un armario eran todo lo necesario. Observaba su aptitud profesional, su bata de trabajo y ya deseaba sentirla. Tras poner una música relajante y encender las velas aromáticas dispersas por la sala me acerco una toalla, “Deja la ropa ahí, usa esta toalla y te tumbas en la camilla boca abajo”, una sonrisa pícara la animó a continuar, “normalmente deberías dejarte los calzoncillos, pero tú… tú quítatelos”, la vi salir por la puerta después de apagar la luz y dejarme con el tenue ambiente de las velas. Obedeciendo sus órdenes me tumbe boca abajado desnudo envuelto en la pequeña toalla esperando con ansia su regreso. “¿Estas cómodo?”, ufff… sí, pero también inquieto y deseoso, aunque esto último no se lo dije. Yol aceito sus manos antes de ponerlas sobre mí y comenzó un agradable masaje por mi espalda primero desde un lado de la camilla y después situándose en la cabecera. Sus manos me recorrían pretendiendo una relajación que mi mente en ese momento no podía aceptar, deseaba otra cosa, la deseaba a ella. Dubitativo estiré un poco los brazos, mis manos no tardaron en lograr su objetivo, de pie como estaba frente a mí no era difícil alcanzar sus piernas. El contacto la sorprendió interrumpiendo ...
... momentáneamente el masaje, sin decir nada yo escuche un sí. Sus medias rozaban mis yemas y las caricias rodeaban sus muslos. Cada una de mis manos subía y bajaba, perdiéndose ligeramente bajo su corta bata, alcanzando el comienzo de sus nalgas. Notaba erizarse su piel, me indicaba que no era indiferente, la situación le gustaba, el morbo envolvía el ambiente. A escasos metros de su jefe, en un local lleno de mujeres parloteando ella estaba siendo acariciada con la sola separación de una puerta. Zafándose de mi pasó a los pies de la camilla, dedicando sus masajes a mis piernas, lejos de mis ávidas manos. Me iba hacer probar de mi medicina, había dado el pistoletazo de salida y Yol conoce bien a la zorra que os escribe, no pensaba cortarse. Cada caricia recorría más arriba mis muslos y sus pulgares descaradamente tomaban el interior de mis muslos hasta la base de mis nalgas. Uffff, me derretía, pero aquí el ritmo lo imponía ella y eso le encantaba, siempre tuvo ese punto dominante. Desde el primer día supo que tenía un amigo, pero también a un perrito con el que jugar al perverso juego de sentirse deseada. Sin miramientos ni reparos se había adueñado de mi culo, la toalla no era más que un cinturón en mi cintura y la imposibilidad de emitir cualquier sonido hacía de cada caricia una pequeña tortura. Situada en el lateral de la camilla dejo caer un chorro de aceite entre mis nalgas, anticipo de un futuro, el futuro de un cuerpo abandonado al placer de su dueña. El primer dedo tomo ...