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Los masajes relajantes de YOL
Fecha: 30/07/2019, Categorías: Otras Categorías, Autor: Alvaroalba, Fuente: CuentoRelatos
... mis entrañas, girando, entrando, saliendo y vuelta a empezar. Ahogando mis gemidos recibí el segundo, y no mucho más tarde el tercero. Ya no había medias tintas, ninguno de los dos podía disimular y ahora estando al lado de la camilla su cuerpo era alcanzable, mi mano se deslizo ansiosa por el interior de sus muslos. Pronto sobre el tacto de sus medias podía distinguir el calor de su húmedo coño, percibí el tanga en mi búsqueda de su abertura, el recorrido de su rajita y la culminación de su clítoris. Sentía mis caricias envueltas en calor y su humedad, yo era su puta, su juguete, pero no iba a permitir que ella no fuera también lo que es. Puede que el deseo provocara su brusquedad, pero el cuarto dedo se abrió paso de un modo para el que aún no estaba preparado. Mi quejido la detuvo, Yol sabía mis deseos por lograr un fisting pero no estaba aún listo. “¿Te duele?”, dijo con cariño. “Un poco”, se retiró de mi interior “¿Qué has traído?”, le señale la bolsa y le pedí que eligiera ella. Rebusco y eligió. “En cuatro, cariño“. La situación era casi humorística si no fuera por las altas temperaturas que a los dos nos envolvían. Una peluquería de barrio llena de clientes y en un cuartito esta zorra ansiosa, el juguete de Yol, a cuatro en una camilla con mis codos apoyados y mi culo dilatado completamente expuesto. La mire lubricar a mi amigo azul, era su elección un consolador de silicona de dos puntas de los que diseñados para los juegos lésbicos. Lo ...
... adoraba y ahora me iba a tomar con él. Apenas sin esfuerzo la punta se deslizo dentro de mí acompañada de un centímetro tras otro en un avance sin piedad. Ella es así, su gesto serio, concentrada como si de un trabajo se tratase no apartaba su vista de mí. Siempre me inquieto esa seriedad casi de domina, me hacía sentir lo que era, una perra viciosa y entregada. Endureció su tratamiento, con un movimiento más fuerte y profundo. No iba a aguantar y se lo dije. “Vuélvete y túmbate boca arriba, un segundo”, sus palabras le seguidas de un empujón enterraban casi 24 centímetros de juguete en mi interior, “ahora”, y sin dejarlo salir me ayudo a tumbarme. Con su expresión seria roció mi pene con aceite y empezó a masturbarme, sus ojos se clavaban en los míos. Mi mano derecha volvió a perderse bajo su bata alcanzando buscando devolver el placer que me estaba ofreciendo. Yol esta vez su descaro me sorprendió al separar más las piernas. Estaba claro, íbamos a corrernos juntos, o eso desee porque tan solo unos segundos después estallaba en borbotones de leche. Limpio con delicadeza mi vientre y sus manos observando la abundante leche que había logrado con su dominio. “Levanta las piernas”, casi había olvidado a mi invasor, despacio torturando mi hipersensibilidad del momento lo saco y pudo observar mi dilatación. Ya podía relajarme, ahora sí, así que me dedicó los últimos momentos de mi cita a hacer el servicio de masaje que cualquier cliente obtiene. Siempre le agradeceré ...