1. Academia de gladiadores (I): La llegada


    Fecha: 21/11/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: fuckmuscle, Fuente: CuentoRelatos

    El mercado era inmenso. Nunca había visto tanta gente reunida en un solo lugar. Comerciantes que ofrecían verduras, telas, menestras, especias y carne. Mucha carne. Él era carne. Su nombre era Maximus y era esclavo. Tenía un cuerpo musculoso producto de los días de entrenamiento en el ejército galo, una mirada penetrante, las facciones del rostro muy bien delineadas y una mandíbula ancha.
    
    Ingresó al mercado y fue llevado junto con el resto de esclavos a una pequeña tienda. Les ordenaron que no se movieran y que si intentaban escapar o hacer algo estúpido los matarían sin pestañear. Una mujer a la que identificó como la hija de su vendedor se acercó con dos grandes recipientes llenos de agua y varias esponjas. La mujer le ordenó que se desnudara y le arrojó el agua de uno de los tanques. Luego, tomó una esponja y empezó a limpiarlo.
    
    -¿Cuál es tu nombre- preguntó la mujer.
    
    -Maximus- respondió él.
    
    -Pues, Maximus tienes un cuerpo muy bonito y un pene muy jugoso, no me lo imagino en todo su esplendor.
    
    Y dicho esto, exprimió una esponja sobre su pene y empezó a acariciarlo y masturbarlo mientras que con la otra mano tocaba sus grandes pectorales y sus marcados abdominales.
    
    -Lástima que no pueda jugar más contigo. Mi padre te ha vendido a la casa de Calio. Dicen que es una academia de gladiadores, donde están los mejores- dijo la mujer.
    
    Después le ordenó que se diera media vuelta y limpio su espalda y su trasero. Maximus tenía un hermoso culo, muy musculoso y ...
    ... sin un ápice de vello, totalmente lampiño. La mujer se divirtió manoseando su trasero a su antojo dándole pequeñas palmaditas y pellizcos.
    
    -Deja de jugar- gritó su vendedor-. Termina de limpiarlo y sigue con los otros. Los romanos están a punto de llegar.
    
    La mujer terminó de asearlo y le puso una túnica transparente muy fina y elegante. No dejaba nada a la imaginación, se podía ver perfectamente su desnudez y su fornido cuerpo resultaba muy apetecible bajo ese manto.
    
    Maximus esperó por una hora hasta que un hombre calvo hizo su ingreso a la tienda. El calvo vestía una ropa muy fina y varios anillos en el dedo. Su vendedor se acercó al calvo y tras besarle las manos como muestra de respeto lo señaló a Maximus y a otros tres esclavos más diciendo que ellos eran la mercancía.
    
    Cuando el calvo lo miró sintió fuego en los ojos de aquel hombre.
    
    - Pero que bello esclavo- dijo el calvo-. Mi señor y mi señora estarán encantados de tenerle en su casa.
    
    El calvo se acercó y acarició su cuerpo por debajo de la túnica. Después se dirigió a los otros tres que irían con él. Dos eran negros, esclavos traídos del sur de Egipto, eran grandes y fuertes pero lo que más llamo la atención del calvo eran sus penes grandes aun estando en reposo. El otro era un persa, prisionero de guerra. Cuando el calvo se acercó a tocarlo, el persa tomó la mano del calvo y la llevó directamente hacia su verga. El calvo sonrió y masturbo al musculoso persa en frente de todos. Mientras lo hacía, sacó ...
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