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Silvia, maestra del sexo (parte 1)
Fecha: 10/12/2019, Categorías: Poesía Erótica, Autor: robertox, Fuente: CuentoRelatos
... aire y aguantarlo durante toda la bajada y la subida. Y recuerda que cuando bajes debes sacar el culo hacia fuera, de esta forma no te harás daño en la espalda baja. Me sorprendió mucho porque cogió rápidamente el truquillo y su técnica era bastante buena. A continuación, le añadí más peso ya que estaba haciendo el movimiento sólo con la barra. —Te voy a poner un par de discos de cinco kilos porque si no poco vas a hacer…y al gimnasio ¡se viene a entrenar! —dije yo en tono enérgico. —No te pases conmigo Raúl que me gustaría poder volver mañana eh. Que llevo algún tiempo parada y no quiero tener agujetas —me respondió ella poniéndome ojitos. —No te preocupes que no te van salir agujetas, hoy sólo va a ser una toma de contacto, el objetivo de hoy es que te quedes con ganas de más. —Si ese es el caso mejor, me gustaría poder venir más a menudo —responde ella con una mirada profunda y sensual. Continuamos durante una hora más o menos y hablamos de todo un poco. Me contó que ella y su novio trabajan como representantes de una compañía que exporta e importa aceites tanto a nivel nacional como internacional; les pagaban bastante bien a los dos, pero el trabajo llegaba a ser en ocasiones muy agotador. También dijo que vivía en el mismo pueblo que yo así que eso fue para mí una gran noticia. Después de la sesión y mientras ella estiraba le dije que si quería yo podía entrenarla y que le saldría gratis ya que yo estaba de prácticas allí, a lo que ella no se ...
... pensó demasiado y aceptó. Tras eso siguió viniendo al gimnasio con cada modelito que quitaba el sentido: cuando no venía con leggins ajustados y con estampados aparecía con camisetas escotadas muy sugerentes. Yo estaba encantado ya que cuando venía siempre era yo el que la atendía en todo y la ayudaba. Me fijé que en algunos ejercicios que hacía se ponía siempre mirándome a mí y colocándome sus pechos en primer plano mientras me hablaba de forma más pausada y sensual, además de llamarme y Raulito. Naturalmente yo aprovechaba eso para “corregirla” y “recolocarla” adecuadamente para que lo hiciera bien. No dudaba en poner mis manos por su suave cintura sudada por el ejercicio mientras ella decía que sí lo hacía mejor o no. Otras veces la ayudaba a hacer dominadas en una jaula de crossfit y me colocaba a propósito delante de ella y la cogía por las caderas (aunque si me vieran en esos momentos algún otro profesional del fitness me mataría por hacerlo mal) para ayudarla a subir y bajar; me encantaba recrearme con ella, y encima su novio dejó de ir al gimnasio, por lo que todo era mucho mejor. Uno de los días que vino ella, estuvimos hablando un poco de todo mientras ella calentaba y salió el tema de la depilación: —No sé qué me ha pasado, pero desde que me depilé tengo la piel algo más irritable —pensé en voz alta. —Oh, pues deberías de echarte alguna crema para después del depilado. —Normalmente no me pasa nunca esto, pero llevo desde ayer con la piel algo ...