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Fiesta en el club
Fecha: 22/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... ofreciendo mis tetas a las miradas de todos aquellos babosos. Los aplausos y barbaridades se sucedieron sin cesar. Ninguno se contenía. Tuve que escuchar cómo querían ordeñarme, correrse en mis tetas, pellizcármelas, meter las dos enteras en la boca, y mil porquerías más. Mi talla, una 95 a, tampoco ayudaba a que pasaran desapercibidas, y creo que nunca lo había pasado tan mal en ese momento. Pero otro peor estaba a punto de llegar. Nos mandaron bailar de nuevo, incluso a los que ya estaban desnudos. Paró la música, y llegó la hora de la verdad. Sólo las cinco chicas seguíamos con alguna prenda. En todos los casos era la misma, el diminuto tanga que apenas nos cubría. Deseé que todo no estuviera sucediendo, pero ocurría. -La cuatro, fuera tanga. La fatídica voz llegó de un viejo de más de cincuenta años, con una enorme barriga, y cadenas de oro el cuello. En su mesa había una botella de alcohol, y fumaba sin parar, lo que le daba un aire terrible y sucio. Su mirada, clavada en mi cuerpo, se veía maliciosa, y sabía que él, un viejo pervertido, en ese momento, tenía el poder sobre mi cuerpo, a quien sacaba muchos años. Sabía que tenía que obedecer. No podía no hacerlo. Me ordenaron desnudarme, y debía hacerlo, aunque no me gustara. No había escapatoria. Tenía que cumplir con aquello para lo que me comprometí. Empecé a bajarme el tanga ante la mirada atenta de los asistentes. En cuanto mi vello asomó, varios babosos de las primeras filas sacaron la ...
... lengua obscenamente. Algunas mujeres también se reían con cara de lujuria, mientras el color se iba apoderando de mi rostro. La prenda ya casi estaba abajo del todo. Un cerdo me dijo que si se atascaba subía a bajarla él. Otro dijo que me la quitaba con los dientes. Todos se reían de las ocurrencias. Me lo quité del todo. Enseguida, un gran color rojo me tiñó la cara. El corazón me iba a mil. Pensé en taparme, pero sabía que debía mostrar mi cuerpo, por lo que me quedé quieta. El presentador me ordenó darme la vuelta. Obedecí sin rechistar. Mis nalgas también recibieron gran cantidad de aplausos, lo que me hizo avergonzar más. Entre las mesas vi a mi amiga que me grababa con su teléfono, riéndose y comentándolo todo con otras amigas, chicas y chicos. Descubrí, entre ellos, a varios compañeros de clase, que también me grababan con el teléfono. Mi sonrojo aumentó, y casi no pude continuar de pie. Afortunadamente, pensé, todo había acabado. Una vez más, me equivocaba. El espectáculo continuaba con una parte que tampoco me había comentado mi "amiga". Lo que venía continuación era tan espantoso que me resulta difícil describir lo que pasé en ese momento. El presentador anunció que tendría lugar la venta de los esclavos. Entonces, los asistentes entraron en una conversación de gritos y disputas entre ellos. Unos decían que ya habían elegido, y que querían a alguien concreto. Otros ponían sobre la mesa la propuesta más elevada, persiguiendo con ello adquirir al joven ...