1. Fiesta en el club


    Fecha: 22/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... más apetitoso. Todos enloquecían pujando por nuestros cuerpos, pero no sabía, en verdad, en qué consistía aquello. Sin embargo, estaba a punto de enterarme.
    
    El viejo gordo que me había mandado quitarme el tanga estaba ofreciendo mucho por mí. El presentador parecía dispuesto a entregarme a él. Los demás trataban de alcanzarle, pero el gordo disponía de mayores medios.
    
    La disputa fue breve. Fui vendida al baboso en muy poco tiempo.
    
    Entonces, unos asistentes subieron al escenario, y me pusieron un collar con cadena en el cuello, quitándome el número que aún colgaba. Uno de ellos me ordenó ponerme a cuatro patas. Obedecí, rendida, sabiendo que la única manera de salir de allí era hacer todo lo que me mandaran.
    
    Tiraron de mi cadena, y me obligaron a descender del escenario en esa posición. El que me llevaba caminaba rápido, pero, agachada, sólo podía ver los zapatos que estaban delante mío, sin contemplar nada más.
    
    Mientras me movía como un animal domesticado por la sala, noté como varias manos me tocaron el culo. No se contentaban con una caricia suave, sino que lo acariciaban, metían algún dedo, o incluso algún azote recibí de algún desconocido.
    
    Caminé a cuatro patas por varios pasillos todo lo rápido que pude. Me dolía el cuerpo en esa posición, y cuando quise parar un momento, mi comprador, que supe que estaba detrás, me tiró del pelo, obligándome a continuar.
    
    Llegamos a un cuarto que estaba decorado lujosamente. Había una cama grande, un sofá, varias ...
    ... alfombras, pero lo que más llamó mi atención fueron las argollas que colgaban del techo, y las columnas con más grilletes que había a cada lado.
    
    El asistente tiró de mí y me obligó a ponerme en pie. Entonces, sin ningún miramiento, como si fuera un objeto sin voluntad, cogió mis manos, y me las encadenó a cada columna. Después hizo lo mismo con los pies. Luego señaló malicioso unos látigos que colgaban de la pared, que no había visto al entrar, y se retiró, cerrando la puerta.
    
    El baboso no se contuvo. Pegó su boca a la mía, obligándome a besarle. Apestaba a alcohol y tabaco, y su barba y dientes amarillos me repugnaron al momento.
    
    -Saca la lengua, puta-me mandó.
    
    Lo hice, y él pasó la suya sobre la mía.
    
    Entonces se echó sobre mis tetas. Me agarró las dos con fuerza, y empezó a chuparlas y morderlas hasta hacerme daño. Estuvo con mis tetas en su boca un tiempo tan largo que no podría decir, dado que no tenía forma de medirlo.
    
    El pervertido bajó su mano hasta mi sexo, y metió dos dedos. Me estremecí y traté de cerrar las piernas, pero las tenía muy separadas por las cadenas de mis pies.
    
    Entonces cogió el látigo. Una sombra de maldad apareció en su cara. Sabía que empezaba un suplicio sin igual, y que sólo él podría ponerle fin, por lo que no debía, bajo ningún concepto, hacerle enfadar.
    
    Se colocó frente a mí y me dio una tremenda bofetada. Antes de que reaccionara, otra más me sacudió la cara. Así recibí una descarga terrible de violencia, con la que el tipo ...
«12...567...»