1. Fiesta en el club


    Fecha: 22/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... parecía disfrutar enormemente.
    
    Se puso detrás mío. Me apartó el pelo de la oreja, y me dirigió unas palabras amenazadoras y preocupantes.
    
    -Las zorritas de tu edad estáis muy buenas. Babeo por la calle mirándoos las tetas, el culo, las piernas. Pero debéis ser amables con los mayores, que os dedicamos nuestra atención. Tú vas a aprenderlo ahora.
    
    Entonces, una descarga sacudió mi espalda. El primer latigazo me había hecho sangre, y el calor se deslizaba en forma de líquido rojo hacia mis nalgas. Él lo vio, y pasó sus manos por mi trasero, mientras amenazaba con un castigo mayor.
    
    -Esto no es nada. Ya verás lo que te voy a hacer, putita.
    
    Una tormenta de latigazos me azotó el cuerpo sin descanso. Me golpeaba en la espalda y el trasero sin pausa ni piedad. Notaba cómo nuevas heridas se abrían, y me retorcía de dolor. Empecé a llorar y a pedir que me soltaran. Una bofetada me hizo callar, haciéndome sangre en la cara también.
    
    -Ya ves lo que pasa si no estás callada, putita. No queremos esto, pero pasará si no te callas. ¿Comprendes? ¿Queda clara la posición?
    
    -Sí, señor.
    
    Otra bofetada me castigó el rostro.
    
    -Ésta era para que no olvides. Ahora sigamos. Creo que tocaba castigarte las tetas.
    
    Tomó el látigo de nuevo y lo descargó una y otra vez sobre mis tetas indefensas. Varios hilos de sangre salieron de ellas. El pervertido no parecía cansarse nunca, y sólo mi debilidad, al ver cómo mi cabeza caía sobre mi pecho, pareció detenerle.
    
    -Be...ber-dije ...
    ... yo.
    
    -Por supuesto, querida. Es fundamental tener tu lengua lubricada. Vas a probar un manjar delicioso, y debes disponer de tu boca con eficacia.
    
    Tiró de mi pelo, echándome la cabeza atrás, y dejó caer en mi garganta un poco del líquido que había en su botella. Noté un sabor amargo, pero me obligó a beber la mitad del recipiente.
    
    Entonces me besó de nuevo. Asustada, sabía lo que le gustaba, y de manera automática, saqué mi lengua, que él volvió a lamer.
    
    -Vas aprendiendo, putita. No eres sólo un par de tetas grandes-dijo, mientras me las agarraba de nuevo.
    
    Entonces me desató de la columna. Quitó primero los grilletes de mis piernas, y luego las de las manos. Caí al suelo, exhausta. Esto desagradó a mi dueño, que me agarró del pelo de nuevo.
    
    -No te he comprado para que descanses, putita. He pagado para que trabajes. Ponte de rodillas.
    
    Obedecí enseguida. El tipo se sentó en el sofá y se desabrochó el pantalón. Luego bajó un calzón sucio y grande, asomando una montaña de pelos. Entre ellos, distinguí sus huevos, y una polla que parecía muy gastada ya.
    
    -Adivina-me dijo.
    
    -Debo chuparle la polla al señor.
    
    -Putita lista. Empieza.
    
    Cogí su viejo miembro y me lo metí entero en la boca. Unas gotas de orina me mancharon los labios. Sentí un asco indescriptible. Me la metí hasta el fondo, y empecé a chupar hasta que noté cómo crecía en mi boca.
    
    -No te la sacas hasta que me corra. A veces tardo bastante.
    
    -Sí, señor-dije, con la boca llena.
    
    Creo que tardó ...
«12...6789»