-
Fiesta en el club
Fecha: 22/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... más de media hora en correrse. De vez en cuando me ordenaba que le diera lametazos en los huevos, y luego me la volvía a meter. Me tuvo así un tiempo que parecía no acabar nunca. Por fin, eyaculó en mí. -Trágalo-ordenó. Obedecí, notando un sabor apestoso bajando por mi garganta. Entonces cogió su polla y me la restregó en las tetas. -Para que tengas un buen recuerdo. -Le di las gracias a mi dueño, a sabiendas de que debía mostrarme sumisa en todo momento. Con un movimiento de mano me mandó darme la vuelta. -Me gusta tu culo. Joven, duro, ideal para un maduro. Siéntate boca abajo en mis rodillas. Me senté en las piernas de aquel pervertido, y empezó a manosearme las nalgas con mucha violencia. Pasaba sus manos por ellas, me las separaba, me metía los dedos. Luego empezó a usar la boca, lamiéndolas y dando mordiscos a mi carne. -No pensarás que tu culo queda sin premio. Recoge el látigo. Extendí la mano hacia el suelo, y alcancé a tomar el instrumento de tortura. Se lo ofrecí, aún sentada en sus rodillas. Me azotó tantas veces el culo que no pude sentarme en semanas. Las marcas del castigo aún pueden contemplarse. Una vez grité, pidiendo perdón enseguida, pero sólo se aplacó dándome otra bofetada. Entonces llegó lo que tanto temía. Me mando tumbarme en la cama, boca arriba, y me ató las manos y pies a las patas. Se desnudó del todo, dejando ver su horrible cuerpo cargado de kilos. No se quitó las cadenas del cuello, por lo que, cuando se ...
... echó sobre mí, noté el frío recorriendo mis tetas. Me penetró sin ninguna delicadeza. Me embistió con todas sus fuerzas, clavándose en mí. Grité, sin poder controlar, pero esta vez se limitó a pellizcarme los pezones. Una y otra vez entró en mí, hasta que, después de mucho rato, logró descargarse de nuevo, esta vez en mi vagina. Pareció agotado tras aquello. Yo estaba rendida, y no soportaría nada más. Para mi alegría, vi cómo se vestía, y un momento después se disponía a salir de la habitación. Cuando creía que me había librado de él, volvió sobre mí, y me obligó a besarle de nuevo. Después me hizo varias fotos con su teléfono. - ¿Ha quedado claro quién manda aquí, putita? -Sí, señor. Aquí manda el señor. -Qué sois las jóvenes? -Putitas, señor. - ¿Y qué debéis hacer en presencia de un caballero maduro? -Provocarle con nuestros cuerpos, contonear las nalgas, insinuar las tetas. - ¿Y qué atuendo debéis llevar siempre? -Lo más provocativo posible. Debemos enseñar las piernas, culo y etas para que los hombres queden satisfechos al contemplarnos por la calle. - ¿Qué has aprendido hoy, putita? -Que los hombres mandan, y las mujeres obedecen. -Adiós, putita. Se marchó al fin, dejándome atada y desnuda en la habitación, sin fuerzas ni para pedir ayuda. Me encontraba medio dormida cuando noté unas manos que me desataban. Era mi amiga, que había venido a buscarme. -Bueno, ¿qué te ha parecido? ¿Es lo que buscabas? -No del todo-dije. No ...