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NO SABIA LA ENFERMEDAD DE MI MUJER, Y SI LA MIA.
Fecha: 25/12/2019, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: SexoSinTabues
... ordene, y ella aguanto. Se le notaba el tremendo esfuerzo físico y psíquico que estaba realizando para obedecer aquella orden, lo cual hacia que su deseo creciera aún más, Juan - “Por qué soportas esto, por quien lo haces, perra?”,- pregunte, Milagros - “Por Ti, por mi Amo” -respondió ella. Realmente estaba con el coño babeante. Sus flujos, debido al acompasado ritmo de entrar y salir mi dedo en su coño, incluso empezaban a desbordarse y se deslizaban por su ano y por su vientre. La perra tenía unas ganas enormes de correrse. Pese a la posición, las convulsiones de su cuerpo así lo indicaban, Juan - “¿Necesitas correrte, verdad perra? “- indique, Milagros - “Solo si mi Amo me da permiso poder hacerlo” -grito en plena desesperación, Yo estaba orgulloso, realmente había hecho de ella una buena sumisa, una buena perra. En ese momento deje de hundir mi dedo en el coño, separe mi mano del mismo y me retire un par de pasos lentamente, su cara mostraba un anhelo terrible, un deseo casi descontrolado. Ordene a María que la volviera a colocar cabeza arriba, que la soltase de sus arneses, cosa que hizo puntualmente mientras su cara reflejaba una mezcla de envidia y deseo por haber deseado estar ella en esa rueda. La ayudo a sostenerse de pie unos breves segundos y a continuación las tres se arrodillaron ante mí. Las tres flexionaron sus cuerpos hacia delante colocando sus manos en sus riñones, hasta tocar con sus frentes el suelo, Juan - “¿Decidme sumisas, os veis capaces de ...
... ofrecerme más para ser realmente mías? “- pregunte, Rosa – Amo las tres “Deseamos ser más tuyas, que nos hagas más sumisas, y que nos permitas hacerte feliz, Amo”, -fue la respuesta que me dieron. Me quede complacido observándolas, podía estar orgulloso de aquellas zorras, que efectivamente cada día serían más sumisas mías. Y ahora le tocaba el turno a otra, de mostrarme hasta donde era capaz de ofrecer y entregar, por mí. En lo que mi mazmorra había era algunos aparatos como la rueda giratoria (recién comprada), el sillón de inspección (recién comprado), el potro, la camilla, la cruz de San Andrés, las poleas. etc. Como siempre aquellas tenues luces que mantenían la estancia en una semi-penumbra, y de fondo una suave música casi imperceptible, que conseguía en aquel ambiente transmitir una sensación de devoción y respeto. Las tres estaban ante mí con lo único que yo les permitía tener en esos momentos, sus adornos. El collar en el cuello, sus muñequeras, sus tobilleras y últimamente unos corsés, estos últimos bien apretados a sus cuerpos, ajustados en sus riñones, comprimiendo la parte inferior de sus costillas y vientre. Sus pechos se podían ver elevados, rígidos y ofrecidos a cualquier capricho o deseo mío. Hoy, la que sería aleccionada seria Rosa. Ella tiene ya un buen nivel de entrega y disciplina, estoy orgulloso, pero también sabe que tan solo está recorriendo un camino y día a día debe esforzarse más en ser sumisa voluntaria para aprender a complacerme. María y Milagros ...