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Viajando con una mamita descontrolada
Fecha: 29/12/2019, Categorías: Poesía Erótica, Autor: ámbar coneja, Fuente: CuentoRelatos
Era jueves, hacía calor y ya en el amanecer del diciembre navideño todo el mundo andaba como loco por las calles. Yo tenía que viajar para rendir historia mundial de la economía desde Campana a Buenos Aires, ensardinado en un bondi, intentando concentrarme en la música de mis auriculares con tal de no oír las boludeces de las viejas, el lenguaje primitivo de los adolescentes y la cumbia del colectivero. El micro de las 17 venía tan hasta el orto que ni me gasté en pararlo. En 15 minutos llegó el otro, y me lo tomé con la vana ilusión de encontrar algún asiento. Sin embargo, debía viajar cerca de dos horas parado. No cabía ni una mosca. Las ventanillas echaban aire caliente. El mal estado de las rutas y las frenadas bruscas del chofer ponían nerviosos a todos. Hasta que a los 15 minutos de mi viaje, mientras memorizaba para mis adentros lo que había estudiado, vi que subió una morocha de unos 18 años con un bebé en los brazos. Pedí un asiento para ella, pero se interpuso a mi buena acción diciendo que no hacía falta. Ninguno se lo cedió. No entendí por qué ponía en riesgo a su hijo así, pero para qué meterse en en asuntos ajenos me dije. Al rato el niño lloró un poco. Ella se levantó la remerita de algodón azul y le puso una de sus tetas desnudas en la boca al bebé para que se alimente. Ella lo sostenía de la cola aferrada a un pasamanos elevado y le decía: ¡tomá la lechita mi amor, así, despacito, y dormite! Me rompía la cabeza ver el roce de las piernitas ...
... blancas del niño en su pancita, la succión de su boquita a ese pezón hinchado y la despreocupación de esa hembra de ojos celestes. Poco a poco, con el movimiento de los que bajaban y subían, terminé parado atrás de ella. Ahora no solo podía ver, sino escuchar las chupadas del crío y las quejas de ella cada vez que la mordía. También percibí el olor a champú de su pelo amuchado en un rodete, el de su piel oscura y hasta el de su sudor por la humedad del verano al acecho. Solo por un momento le quité la atención. Fue cuando vi a una rubia que se partía bajando por la puerta de atrás. ¡la guacha tenía una pollerita que se le subió con el andar de sus caderas durante su descenso, y no traía ropa interior! Cuando quise acordar la erección de mi verga era incontrolable, y hasta me animé a apoyarle el culo, un poco impulsado por la inercia del viaje. Ella, digamos que era bastante villera. Cuando la vi bien le descubrí las zapatillas rotas, un piercing abajo del ojo derecho y otro al costado izquierdo del labio. Tenía un shortsito apretado y corto, por lo que le miré las piernas sin depilar, y hasta se las acaricié levemente. De repente ella atendió su celular con el nene prendido de su seno. ¡no ma, dejá todo así loco, y comprale pañales a tu nieto ya que tanto te gusta romperme las bolas!, se quejaba cuando ya mi pija estaba muy pegada a su culito bien parado. ¡decile a ese guacho que se tome el palo, y si quiere garchar que se busque a otra putita!; redondeó y ...