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La prima del amigo. Quería llegar virgen, pero… entregó el culo
Fecha: 03/01/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Nazareno Cruz, Fuente: CuentoRelatos
... cena, café y luego unos coñacs dieron cierre al delicioso momento, que sin pretenderlo había tomado un aura de romanticismo que la estaba llevando a otra dimensión. Para un guerrero de muchas batallas en el campo de las sábanas, no se le escapan los detalles, y ésas son las armas con las que se vence, no usándolas sino dejándolas al alcance del rival, dejándolo hacer y solito cae en el ardid de, como la paloma cae vencida por el gavilán. La paloma había sido seducida por el gavilán, vencida precisamente por no haber avanzado, sino dejarla se dueña de la escena, muchas veces la seducción es precisamente no hace nada, sino dejarla a ella que se quien maneje la situación, y ante la falta de avance del varón será ella que sea la de “armas llevar” que se vea obligada a tomar la iniciativa, muchas veces esa técnica me funciona, también lo fue en esta ocasión. Las copas se tomaron en el living, para adornar el momento regresó “vestida” con una lencería de tenue color gris, súper sexy. Las caricias y besos de lengua, expresaban las emociones, con lenguaje lingual y corporal, sobraban las palabras. A esta altura de los hechos ya no tenía nada de la lencería, me la estaba comiendo toda, con la boca y lamiendo cada rincón de su anatomía. Las tetas fueron acosadas por mi boca ansiosa, de comer ese apetecible bocado. Lamía y mordía esa carne firme y tensa, la concha refregaba sus jugosos labios presa de súbita calentura. Para calmarla bajé a ella y chupé con todo el ...
... énfasis y la capacidad de lamer sin ahogarme por querer comerla todita. Intenté meterle un dedo mientras chupaba, lo impidió corriendo mi mano. En este juego de seducción, desde que nos frecuentamos era la primera vez que tenía acceso al sexo de ella, que vale la pena repetirlo tenía algo especial que no podía explicarme. Le seguí dando paleteadas con mi lengua como para matarla, gozó como una desenfrenada, gritaba y se agitaba como enajenada, era bastante fácil de comprender que esos niveles de atenciones en la cuca fueran algo inédito, ese tipo de excitación no estaba escrito en su manual de conservación de la virginidad. Habíamos entrado en campo minado, ingresado en el terreno prohibido pero el cerco ético y la promesa se derritió al calor de la poderosa lamida y se perdió en la locura del orgasmo tan temido... En la calentura, olvidó su vocabulario tan medio y prudente, trocaba en una rea, una “atorranta”, una callejera con lenguaje procaz y soez capaz de sonrojar al camionero. Cómo nos excitaba todo lo que vociferaba, tamaña calentura me producía una exquisita ternura. Desde: “Hijo de puta, Matame guachito mío, Me hacés acabar como una yegua, Soy una perra puta acabando” pasaron una ristra de improperios tan procaces, halagos al oído de cualquier hombre que se precie de saber hacer disfrutar a una hembra. Todo esto lo decía previo y durante el orgasmo, una máquina arrolladora de placer, inmolada en altar de sus convicciones, caído al infierno tan temido, pero ...