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El calvario de Luciana (10)
Fecha: 05/02/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
... entonces a Luisa y cuando la mucama se hizo presente ambas se dirigieron a la habitación de Luciana, que dormía. -¿Quiere que la despierte, señora? Emilia demoró la respuesta mientras miraba a su putita, que boca abajo exhibía sus hermosas piernas, una de ellas semiencogida, la finísima cintura y sus portentosas nalgas muy mejoradas respecto de cómo las había puesto el vejete. -No, dejala que duerma. Me basta con ver que realmente su culo está mucho mejor. Mañana a la noche sí quiero tenerla despierta. La doctora Mónica va a venir a las 10 para inspeccionarla, así que ocupate de que que cene y a esa hora la tengamos lista. Mientras tanto seguí con la crema. -Por supuesto, señora. –dijo Luisa y mientras abandonaban la habitación preguntó con tono algo vacilante: -Señora… ¿ya resolvió sobre el pedido que le hice? -En verdad no todavía, Luisa, pero quedate tranquila que en cuanto decida qué hacer te avisaré inmediatamente. -Bien, señora, se lo agradezco. –y la mucama se encaminó a las dependencias de servicio mientras Emilia volvía a considerar el tema que le había planteado Luisa. “Es verdad lo que dice: esta chica es una mina de oro, la más valiosa de todas las infelices que he tenido. ¿Por qué no seguir explotándola yo en lugar de venderla y que la arruinen en ese prostíbulo de cuarta?... En fin, ya veré…” –se dijo y miró la hora: las nueve de la noche. En ese momento Elba estaba en la amplia cocina de la mansión ocupada en preparar la cena de ...
... Graciela, por cierto una cena muy especial. Alimento para perros con sabor a pollo mezclado con un poco de arroz. Puso esa mescolanza en un recipiente de plástico y vertió agua en otro similar, tomó ambos y sonriendo se encaminó al sector de celdas. Graciela estaba echada en el camastro, semidormida, cuando el ama de llaves entró. El ruido de la llave en la puerta de metal hizo se disipara esa niebla del sueño que había comenzado a invadir su mente. Con alguna dificultad se sentó en el borde del camastro, evitando mirar a Elba a la cara. -Su cena. –dijo el ama de llaves y depositó ambos recipientes en el piso. Graciela miró lo que había en uno de ellos y su rostro se contrajo en una mueca de dolorido asombro al advertir de qué se trataba. Tenía un perro y sabía perfectamente que aquello era comida para canes. Su respiración se hizo agitada, dificultosa por la enorme tensión que sentía. “No puedo estar viviendo esto, Dios mío. ¿Dónde está el límite de mi perversión?”, se preguntó dándose cuenta, aterrada, de que por un lado era una enorme angustia lo que sentía, pero a la vez estaba excitada, muy excitada por la humillación extrema a la que Elba la sometía. -En cuatro patas. –le ordenó el ama de llaves, y ella, trascendida por completo en su voluntad e incluso en su conciencia, obedeció. -Coma. –fue la orden siguiente. –Y no quiero ver ni el más mínimo resto en ese recipiente, ¿entendió? -Sí, señora Elba. Respondió en un susurro, tragó saliva, cerró los ojos y fue ...