1. Mi lugar secreto


    Fecha: 17/02/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: rubyg, Fuente: CuentoRelatos

    David era un chico de ciudad que pasaba las vacaciones de verano en casa de su abuelo, en el pueblecito donde yo vivo. Era cuatro años menor que yo, bastante guapo, pero sobre todo destacaba por ser muy inocente y muy correcto. Sus padres eran muy estrictos y apenas le dejaban hacer nada divertido, pero él no se sentía oprimido en absoluto, sino más bien protegido. Ni siquiera en su adolescencia (si es que se puede decir que la tuvo) dejó de comportarse como un buen niño, que nunca ha roto un plato. Esa personalidad suya me divertía, ya que al ser mayor él me tenía una especie de respeto que yo aprovechaba para mi propio beneficio, y su cara resultaba irresistiblemente linda cuando le proponía hacer juntos el tipo de travesura que sus padres jamás permitirían. En cambio, yo era todo lo contrario: siempre estaba corriendo, saltando, escalando y haciendo enfadar a mis padres.
    
    La razón por la cual cada verano esperaba con gran impaciencia la llegada de David, no era que estuviese enamorada de él ni nada parecido, sino que, en mi diminuto pueblucho, aislado entre bosques y montañas, yo soy la única chica de mi edad. Las vacaciones de verano eran siempre aburridas y solitarias hasta el día que llegaba David. Por eso todos los días iba a verle y a jugar con él.
    
    Aquel verano se acercaba a su final. Había pasado muchos buenos ratos con David, pero pronto se acabarían, así que decidí organizar un último gran recuerdo de ese verano.
    
    -David, ¿vienes conmigo?
    
    -¿A ...
    ... dónde?
    
    -A mi lugar secreto.
    
    -¿Un lugar secreto? ¿Cuál? ¿Dónde?
    
    -No te preocupes, estoy segura de que te va a encantar. Pero me tienes que prometer que guardarás mi secreto, no podrás contarle nada de esto a nadie, ¿lo prometes?
    
    -Te lo prometo, Sara.
    
    Empezamos a caminar, el siempre detrás de mí, siguiéndome. Salimos del pueblo tras cruzar los prados de su abuelo y nos internamos en el bosque. El camino era cuesta arriba y, sumado al calor y la humedad, nos hizo empapar de sudor la ropa.
    
    -¿Falta mucho?
    
    -Pareces un niño pequeño. Aguanta un poco, te prometo que merece la pena, mi lugar secreto es más hermoso que cualquier rincón de tu ciudad.
    
    Tras media hora de paseo David estaba desfallecido. El pobre no era muy deportista, sin embargo, aguantó y no volvió a quejarse. Entonces el camino se volvió cuesta abajo, y empezó a oírse el murmullo del agua.
    
    -Ya falta poco.
    
    Nos salimos del camino y empezamos a andar campo a través. A David no le gustó nada aquello, pero muy poco tiempo después llegamos a mi lugar secreto.
    
    -¡Guaaaauu! Tenías razón, Sara, es increíble.
    
    El lugar era una pequeña cascada que caía sobre una piscina natural. A un lado había un claro soleado y al otro algunas rocas que se juntaban con el bosque. El rio no era muy grande, pero en aquel sitio se acumulaba bastante agua para bañarse y nadar un poco. Sin pensármelo dos veces, me quité la ropa descubriendo el bañador que llevaba debajo y me lancé al agua.
    
    -¡Aaahh! ¡Qué refrescante!
    
    David ...
«1234»