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Mi lugar secreto
Fecha: 17/02/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: rubyg, Fuente: CuentoRelatos
... tetas, pero yo no me cortaba ni un pelo: A veces le abrazaba por detrás para estrujar mis tetas contra su espalda, a veces le agarraba el culo, a veces dejaba que él me agarrara por detrás para restregar mi culo contra su polla… Poco a poco, David comenzó a soltarse. Conociéndole, debió reunir mucho valor, o estar muy cachondo, para hacerme lo que me hizo. Lo primero fue un roce disimulando a uno de mis pezones, luego una palmadita en el culo, luego hundir la cabeza entre mis pechos… El juego había sido agotador, y estábamos los dos cachondos perdidos. Salimos del agua y nos tumbamos en una roca para secarnos al sol. Tras un rato mirándome David me dijo: -Nunca había visto a una chica desnuda. -¿No? Y ahora que por fin has visto una, ¿qué te ha parecido? -Me ha gustado, tienes un cuerpo muy bonito. -Eres un cielo, muchas gracias- Le di un beso en la mejilla. -Sin embargo… aún no he visto bien… tu… todo tu cuerpo… -¿Te refieres a mi vagina? David se puso muy rojo. Asintió con la cabeza. -¿Quieres verla más de cerca? -Si. -¿Y a qué esperas? Abrí mis piernas para que pudiera cotillear a gusto. David se arrodilló delante de mí. Acarició mis labios vaginales de arriba abajo, luego los separó para ver mi rosado interior. Sentí una gota de mi fluido salirse y resbalarse hasta mi culo. Luego introdujo un dedo y enseguida lo sacó. Él sólo estaba curioseando, no intentaba darme placer, probablemente no sabía que me daba placer tocándome ...
... ahí. -Entonces, ¿las chicas tienen aquí un agujero? -Todas y cada una de nosotras. ¿Sabes para qué es? Se miró el pene y asintió, pero no entendió mi indirecta, o no se atrevió a entenderla. Yo me incorporé y estiré mi brazo para alcanzar su pene, él se sobresaltó, pero me dejó acariciarlo. -Se siente bien cuando tocan tu pene, ¿verdad? -Si -Yo también me siento bien cuando tocan mi vagina- Cogí su mano y se la llevé a mi coño. Le besé. Estuvimos así un rato, besándonos y tocándonos el uno al otro. Su polla estaba durísima y mi coño chorreaba. No podía aguantar más. Le tumbé boca arriba y me senté encima a horcajadas, dispuesta a montarle. Él estaba muy nervioso, pero se dejaba llevar. Agarré con fuerza el tronco de su rabo y lo froté tres o cuatro veces por mi coño antes de metérmelo. Lo introduje muy despacito, poco a poco, con suaves movimientos de cadera. Cuando terminé de metérmela, me estrujó las nalgas y soltó un largo gemido. Empecé a moverme y a jadear, al principio David se dejaba llevar, pero enseguida quiso participar. Me agarró por la cintura y con energía acompañaba mis movimientos para hacerlos más fuertes, más profundos, pero no tardó en cansarse y llevó sus manos a mis tetas, para estrujármelas y jugar con mis pezones. Me dolían las rodillas de apoyarlas en la roca, así que le pedí cambiar de postura. Yo me puse debajo, boca arriba, y el encima. Su pene pequeño y sus torpes movimientos de novato no eran gran cosa, pero a la vez me mordía el cuello ...