1. La motera sumisa, castigada y sodomizada.


    Fecha: 17/02/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... interior, y te reunes conmigo en la mesa. No tardes"
    
    Ella entra derechita al baño del restaurante, mientras se acaricia el culo rojizo. Le duele. Tras observar el restaurante, elijo una mesa lejana, para que ella tenga que cruzar el comedor en medio de todos los camioneros. Quiero que la vean, y que la remiren de arriba a abajo, para que se sienta avergonzada.
    
    Lo consigo. Tímida y ligeramente molesta, intentando estirarse la falda, ella me busca con la mirada hasta que me encuentra al final del restaurante. Yo la veo y pienso para mi mismo: "Sí, sí... tú estira, que la falda no va a crecer".
    
    Tras cruzar toda la sala y recibir las miradas de todo el mundo, se sienta avergonzada en la mesa con la falda tan corta que apenas la cubre. Sonrío, satisfecho. Mi castigo funciona.
    
    El camarero y los camioneros de las mesas próximas fijan bien su mirada en la avergonzada sumisa. No le quitan la vista de encima. Repasan sus pechos, sus piernas y su culo. Pedimos de comer y lo celebro con un buen vino. Ella no levanta cabeza, no se atreve.
    
    Suavemente, por debajo la mesa, jugueteo con encontrar el sexo ya mojado y excitado de mi sumisa. Ella protesta y yo la riño. Si antes se lo mostró a los polis, a mi no me lo puede negar. Me deleita con su escote. Los pezones despuntan en su fina blusa y su sexo húmedo ha dejado huella en la silla. Disfruto del momento mientras ella se avergüenza en silencio. Sabe que la están mirando.
    
    Pago la cuenta, agarramos las motos y seguimos el ...
    ... viaje. Mi protegida va detrás mío sin infringir las normas de circulación, ha entendido el mensaje. 5 minutos mas tarde, llegamos a un bosque apartado, y busco un buen lugar. Aparcamos, y la obligo a bajar de la moto.
    
    Repito la operación de azotarle el culo un rato. Después le marco un lugar y le ordeno arrodillarse ante mí.
    
    Agarro una fusta que llevo en la moto, la muevo y doy un fuerte golpe en la suela de mi bota. La sumisa se asusta, el sonido de la fusta resuena como un trueno.
    
    Sigo riñéndola por su coqueteo. Le ordeno levantarse y desnudarse. Ella temerosa y avergonzada obedece al ritmo del sonido de la fusta que indica qué prenda desprenderse. Hasta quedar totalmente desnuda.
    
    La miro, le llamo 'Preciosa', y le recuerdo que ella es mi tesoro, que no puede comportarse como una vulgar putita ante la gente, pues es de mi propiedad y me pertenece en cuerpo y mente. Le repito, por si no se acuerda, que yo soy el dueño de su sexualidad.
    
    Con suavidad, meto la mano entre el escote, hasta alcanzar sus pezones, con la idea de pellizcarlos. Así lo hago, primero suavemente, y luego mas fuerte, incrementando la presión. Sé que le duele, pero eso es lo que quiero. Entonces le azoto el culo un poco más, y la ato con las cuerdas del equipaje de la moto a un árbol. Ella queda expuesta y atada a mi merced, dándome su culo.
    
    Agarro un látigo y le digo que va a recibir su merecido castigo. Ella gime temerosa.
    
    - "Zasss...", llega el primer golpe y su cuerpo se tambalea a ...