1. Las desventuras de Elena (5)


    Fecha: 23/02/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    ... luego las manos a ambos extremos.
    
    -Ahora si te tengo... –dijo y alzando del suelo el cinturón ancho volvió a empuñarlo para reanudar el castigo.
    
    -Te voy a dejar rojo como un tomate ese lindo culito que tenés, pichona... –y le dio un primer azote. La esclavita gimió retorciéndose de dolor y siguió así mientras el Ama continuaba descargando el temible instrumento sobre esas deliciosas nalguitas que iban enrojeciéndose cada vez más para deleite de la torturadora.
    
    Al cabo de unos minutos Julia advirtió que algunas zonas estaban inflamadas y el rojo había adquirido allí una tonalidad blancuzca que preanunciaba heridas. La esclavita gemía ininterrumpidamente.
    
    "Ya está bien" –se dijo el Ama agitada por el esfuerzo físico y la calentura. Arrojó el cinturón al piso, desató a su desdichada víctima, la dio vuelta y vio que tenía la cara bañada en llanto.
    
    Le quitó la mordaza metálica pero la chica no dijo nada; sólo lloraba desconsoladamente.
    
    Julia pensó que era el momento ideal para darle media pastilla del sedante y probar si su efecto era el que Wanda le había comentado. Salió en busca de la cajita y volvió con media pastilla y un vaso con agua. Sentó a la esclavita y le ordenó que abriera la boca. Aterrorizada, Agustina obedeció y Julia le hizo tomar el medio comprimido, para después volver a tenderla en la cama.
    
    -Ya ves lo dura que puedo ser, putita. –le dijo mientras la chica seguía llorando entre temblores que la sacudían de pies a cabeza.
    
    "Ya veré cómo es ...
    ... cogérmela medio atontada" –pensó mientras sonreía perversamente.
    
    Media hora más tarde, después de haber almorzado en la cocina, volvió al dormitorio. La chica estaba en la misma posición en que la había dejado. Se acercó a ella y vio que tenía los ojos entreabiertos. La puso de espaldas en la cama, se sentó en el borde y comenzó a acariciarla sin que la víctima ofreciera resistencia alguna. Se dejaba hacer, con la boca abierta y la mirada perdida. La mano de Julia se deslizaba lentamente por el interior de uno de los muslos de la esclavita. "Qué piel tan maravillosamente suave tiene" –pensó el Ama sintiendo que su calentura crecía. Cuando llegó a la concha, Agustina se agitó levemente, pero no tuvo ninguna otra reacción. Julia entreabrió los labios vaginales e introdujo un dedo entre ellos, notando lo seco que estaba el nidito.
    
    "Es lógico" –se dijo, y retiró el dedo para dirigirlo hacia el orificio anal, donde lo metió lentamente mientras Agustina volvía a la pasividad luego de una fugaz contracción de sus nalguitas acompañada por un débil gemido.
    
    Julia se inclinó sobre ella, con el dedo metido por completo, y busco con sus labios los labios entreabiertos de la esclavita, que seguía dejándose hacer. La besó hundiéndole la lengua en la boca y se excitó al contacto con la otra lengua. Sacó el dedo del culito y comenzó a trabajar con dos dedos el clítoris de su presa, que tuvo un espasmo mientras exhalaba un gemido. Poco a poco el clítoris comenzó a endurecerse un poco ...