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Un profesor, una alumna y un colegio católico – parte 2
Fecha: 02/03/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Xander_racer2014, Fuente: SexoSinTabues
El viaje transcurría tranquilo. Las bragas aún húmedas de Cecilia abultaban el bolsillo derecho de mi chaqueta y los Rolling Stones aportaban el marco musical adecuado, pero sentía que hacía falta algo. Recordé que había un Sex Shop en la zona y decidí hacer una parada para abastecerme de preservativos. Al ser un lugar no apto para menores, le ordené a Cecilia que me esperara en el auto mientras yo hacía mis compras. En el local vi un juguete que me interesó. Era un estimulador para clítoris que consistía en una especie de capuchón que se ajustaba al clítoris cubriéndolo y atrapándolo, y que mediante un cablecito iba conectado a un control que ofrecía siete velocidades o intensidades de vibración. Lo compré, así como un pack de baterías y una caja de preservativos. Tan pronto subí al auto le anuncié que tenía una sorpresa para ella y le ordené que se levantara la falda. Todos los vidrios de mi coche eran polarizados, de modo que no dudó ni se sintió incómoda. Como sus pantis las tenía yo, tan pronto la tela que cubría sus piernas fue alzada, su vagina quedó expuesta. Al dirigir mis manos directo al punto que me interesaba y viendo el objeto que le acercaba, sin que yo le dijera nada, ella abrió sus piernas para dejarme hacer. Eso era buena señal. Se prestaba a lo que yo quisiera. Le instalé el dispositivo, puse las baterías en el control y lo até a la palanca de cambios. Lo encendí en el nivel uno y comencé a manejar. Cada seis o siete calles aumentaba un nivel de intensidad ...
... y a medida que lo hacía, el placer crecía para ella. Como la música estaba medianamente fuerte no le prohibí gemir, pero sí le ordené que mantuviera su falda en alto. En el tercer nivel la humedad de aquella concha era notoria. Cuando algún semáforo en rojo me detenía, aprovechaba para meterle mano y le masajeaba los labios vaginales. Luego sacaba mis dedos húmedos y se los metía en la boca para que me los chupara. En el cuarto nivel tuvo un orgasmo y detuve el auto y lo estacioné, para intensificarlo penetrándola con mi dedo medio buscando su punto G. Su camisa blanca por demás traspirada, se traslucía dejando ver su sostén, también blanco, que parecía cobrar vida para contener vigorosamente aquellos senos voluptuosos, que por el impulso de su agitada respiración, danzaban alocadamente al ritmo de sus hormonas calientes. A esa altura del camino, mis manos sobre el volante estaban de más. Podría haber manejado el auto con mi verga. Seguí aumentando la intensidad del vibrador y para cuando llegamos a casa, hacía rato que estaba en el séptimo nivel y Cecilia estaba en el séptimo paraíso. Me detuve frente al portal de mi jardín y le ordené que permaneciera en el vehículo hasta que estuviera dentro del garaje y con la puerta cerrada. Una vez dentro de la protección de mis muros, desaté el control del vibrador y lo apagué. Cecilia experimentó una sensación de alivio. Le quité el capuchón que cubría su clítoris y estaba rojo y toda su vagina empapada hasta la entrepierna. También ...