1. Un profesor, una alumna y un colegio católico – parte 2


    Fecha: 02/03/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Xander_racer2014, Fuente: SexoSinTabues

    ... en una mesa baja junto al sofá y la de ella en el suelo. Le expliqué que como mi esclava sexual que era desde ese momento, debía arrodillarse junto a mí y comer en el suelo mientras yo lo hacía sentado en el sillón. No protestó ni puso mala cara para nada. Tan pronto terminamos, le mostré la cocina y le dije que debía lavar las bandejas y las tazas, enjuagarlas y dejarlas en el escurridor. Cumplió la tarea y me pidió para pasar al baño. La guié hasta él y me quedé parado frente a ella. Le dije que quería verla orinar y se mandó la tal meada con una sonrisa de oreja a oreja. Volvimos a la sala de estar y le indiqué la siguiente postura: Debía ponerse de rodillas y de espaldas al sofá, con la cola pegada a él. Luego apoyar sus codos en el piso, dejando su espalda bien arqueada. Cumplió la orden y yo me senté en el sofá y descansé mis piernas sobre sus espaldas. Le expliqué que no todo era sexo, o mejor dicho, que el sexo no era solo la relación genital. Ella debía cumplir distintos roles, en este caso el de un mueble. Una extensión del sillón que servía como posa piernas para mi descanso. De más está decir que aún estábamos ambos desnudos. El placer de ver a semejante lolita desnuda y a mi disposición se transformaría en una constante en nuestra relación. Cómodamente instalado empecé a hacerle algunas preguntas. - Dime, Cecilia… ¿Qué sabes del BDSM? -la pregunta no pareció sorprenderla. - Algunas cosas que leí en internet. - Por ejemplo? - Bueno… esto de ser sumisa… esclava ...
    ... sexual… -¿Leíste sobre esto y te interesó? - Sí… aunque nunca pensé que lo probaría tan pronto. - ¿Y que te hizo probarlo? - Usted, señor… siempre me pareció distinto. Me atrae. ¡Usted me dijo vamos!… y yo fui. - Muchos de tus compañeros te miran con ganas… - Ellos son inmaduros… no están aptos. Mis talones descansaban sobre sus hombros y en un momento encogí un poco mis piernas para apoyar las plantas de mis pies sobre su espalda. De vez en cuando bajaba uno de ellos y le acariciaba un seno, luego le despeinaba el cabello frotándole el otro pie sobre su cabeza, pero nada la incomodaba. Ella permanecía inmutable, como si hubiera nacido para ser mía… como si yo hubiera nacido para dominarla. Todo esto me hacía tan feliz que hasta me daba miedo. Tenía que mantenerlo en el mayor secreto. Debía asegurarme que nadie se enterara, especialmente en su familia, sus amigos, el colegio… muy especialmente el colegio. La que se armaría si se enteraran del giro que había tomado la relación entre uno de sus profesores y una de sus alumnas. -¿Eres del tipo de las que escriben un diario? - Sí, señor… lo hago. Pasando tanto tiempo sola, no era extraño que lo hiciera. A su edad, el diario íntimo es algo así como un confidente fiel. Pero no me gustaba la idea de que alguien se apoderara de ese cuaderno. Sus secretos debían ser solo para mí… -¿Y has hecho en él alguna mención a mi persona? - No con su nombre. Solo escribo sobre un adulto que me gusta. - Me entregarás ese diario. Quiero leerlo y ...
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