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Ese silencio absoluto de las bibliotecas
Fecha: 06/03/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
El arquitecto que había ideado aquellos pasillos, seguramente, los había imaginado llenos de chicos, chicas y profesores saliendo de un aula para dirigirse corriendo a otra. Lo cual era cierto, aquellos pasillos estaban abarrotados durante en los meses lectivos, cientos de alumnos y profesores transitado por ellos, los sonidos de móviles y los corros de voces componían una sinfonía muy diferente a la que producían mis tacones sobre el suelo embaldosado. A finales de junio los pasillos se quedaban vacíos, únicamente algunas aulas eran ocupadas con los primeros cursos de verano, pero el resto de edificio quedaba prácticamente vacío. En estas fechas era cuando una sensación de melancolía y ausencia me invadía, más de veinte años recorriendo aquellos pasillos daban para mucho y casi todos rincones me recordaban a alumnos y viejos compañeros que ya no estaban. Para mí, este año tocaba quedarse por lo menos hasta mediados de julio, ya que quería avanzar con el estudio que estaba realizando y que pretendía publicar hacia finales de año, así que ahí estaba yo con mi portátil, dirigiéndome hacia la biblioteca de la escuela y dispuesta a aprovechar aquel caluroso martes de mediados de junio. No solo los alumnos y profesores desaparecían, también el personal administrativo y entre ellos los responsables de la biblioteca, aunque en este caso lo prefería. Desde hacía unos años, se acordó que para profesores y alumnos que nos encontrábamos realizando trabajos de investigación, ...
... previa solicitud presentada un mes antes, se reservase un espacio en la biblioteca donde podíamos tener libre acceso a libros y material de investigación. Aquello sí que me gustaba, la ausencia del personal de la biblioteca me permitía perderme entre los estantes repletos de libros, recorrer con el dedo las pequeñas etiquetas con su referencia escritas a mano, dejarme envolver por el silencio… toda una serie de sensaciones de las que solo podía disfrutar en esta época del año. Aquella minibiblioteca de verano a la que me dirigía se encontraba en un edificio anexo y sus pasillos presentaban el mismo aspecto que el anterior, puertas de aulas cerradas y metros de baldosas brillantes que parecían recién fregadas, y cómo no, el sonido de mis tacones al caminar y su eco distante a medida que avanzaba por ellas. Llegué por fin a la puerta del fondo que era mi destino, tecleé mi código de doce caracteres y la puerta se abrió, la sala se dividía en dos espacios uno destinado a la lectura, y otro, al fondo, las filas de estanterías de libros formando una veintena de pasillos cada uno dedicado a una especialidad, me dirigí hacía la que correspondía al ámbito económico - empresarial. El suelo de corcho impedía que mis tacones rompiesen aquel silencio, no todos los silencios son iguales, cada espacio tiene su silencio, está el silencio anestésico de los hospitales, el sepulcral de los cementerios, el espiritual de los monasterios y ese silencio absoluto de las bibliotecas. Entorno y ...