1. Ese silencio absoluto de las bibliotecas


    Fecha: 06/03/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... ver el cuerpo de la chica, bueno solo la mitad, ya que de los hombros para arriba lo tapaba otra hilera de libros. Él tenía los pantalones por los tobillos y por los movimientos de ella, era obvio lo que estaba haciendo.
    
    Me quedé clavada, presionando mi espalda contra la pared como en un intento reflejo de ocultarme más. Mientras observaba movimientos de aquella chica, aunque solo veía parte de su espalda, no tenía ninguna duda sobre lo que estaba pasando, le estaba haciendo una mamada, allí a unos escasos tres metros de donde me encontraba. Durante unos instantes no pude evitar observarles, hasta que sentí un poco de culpa y retiré la miranda reclinando mi cabeza sobre la pared, me quedé pensando qué hacer.
    
    ¿Me voy?, ¿Hago notar mi presencia de alguna forma?... no sé por qué en aquel instante recordé mis primeras experiencias con el sexo oral. Desde que lo descubrí siempre me había gustado, tanto hacerlo como recibirlo, recordé a Juan, un noviete de la universidad, cuando empezamos a salir, él presumía ante mí de su amplia experiencia. La primera noche que nos acostamos le bajé los boxers de golpe y mirándole a los ojos me la metí entera en la boca. Él estaba de pie, por su expresión vi que le estaba rompiendo todos sus esquemas, el pobre no aguanto ni 5 minutos. Mi relación con Juan no duro más de un año, teníamos 20 años, pero lo pasamos muy bien y descubrimos muchas cosas juntos, lástima que decidiese cambiar de universidad e irse a Madrid, en aquellos tiempos no ...
    ... había móvil ni Facebook y pronto perdimos el contacto.
    
    El sonido de algo cayendo en el suelo de corcho llamó mi atención, y sin respirar giré mi cabeza hacia la derecha, pero ya no vi la espalda ni la melena de la chica, me moví lentamente para poder observar mejor. Desde este ángulo podía verlos de cintura para abajo, ella se había puesto de pie, llevaba una falda corta con mucho vuelo y la mano de él recorría sus piernas que estaban ligeramente separadas, favoreciendo las maniobras del chico. Observé como aquella mano recorrió su muslo hasta que se perdió bajo la falda, de la cual, al cabo de unos segundos, unas braguitas blancas se deslizaron hasta llegar a las rodillas de la chica.
    
    Un gemido rompió el silencio de la sala, por un momento pensé que eso les asustaría y pararían, pero no se dieron cuenta, la mano del chico seguía bajo su falda y por las reacciones de ella parecía que él sabía muy bien lo que estaba haciendo.
    
    Otra vez me quedé petrificada viendo aquella escena, mi boca se estaba inundando de saliva y mis labios se estaban humedeciendo, pensé en hacer un esfuerzo para levantarme e irme, pero mis piernas no respondían a las instrucciones de mi cerebro, estaba clavada, sentada en el suelo viendo aquella escena.
    
    Hacía muchos años yo también me había dejado llevar por la pasión, o a veces por algún calentón inesperado, como aquella noche en el Manco, cuando después de horas de tonteo con un veinteañero fan de los Cramps, lo cogí de la mano y lo lleve bajo ...
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