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Matilda, guerrero del espacio (capitulo 5)
Fecha: 07/03/2020, Categorías: Grandes Series, Autor: calvito, Fuente: CuentoRelatos
A primera hora de la mañana Matilda se reunió con tres miembros del Consejo Federal. Lo hicieron en las dependencias del Consejo Federal en el complejo gubernamental de Raissa. Después de la reunión, que fue muy larga, Matilda regresó y ordenó partir inmediatamente. Minutos después, la Tharsis, acompañada por el Atami, el Hagi y el Kure, soltaron las amarras y los anclajes que la inmovilizaba en la zona portuaria, y partieron rumbo al Sector Oscuro. Con las naves navegando a velocidad de crucero, veinte horas después llegaron al sistema Anguis Majoris dónde la flota tenía una base secreta de abastecimiento. Mientras repostaban por última vez, Matilda convocó una reunión a la que asistieron los comandantes de las otras tres naves, junto con su círculo de confianza en la Tharsis: Ushlas, Camaxtli, Neerlhix, Daq, Moxi, y la Princesa Súm como comandante de la infantería embarcada en la flota. A2 tomaba notas para la bitácora de la misión. Con todo lujo de detalles, informó de los pormenores de la misión, y les hizo ver la importancia de la misma. Todos estuvieron de acuerdo. —Señores, creo que no hace falta decir que tenemos muchas posibilidades de no volver con vida, —dijo mirando a los asistentes —. Son muchos los peligros a los que nos vamos a enfrentar, peligros que no solo vienen del lado imperial. Con toda seguridad nos enfrentaremos a otras facciones, a civilizaciones muy agresivas y violentas porque es la forma que tienen de sobrevivir en un escenario cómo el que ...
... nos vamos a encontrar. Además, están los problemas derivados de las distorsiones que imperan en este sector y que hacen que aquí las leyes de la física estén patas arriba. —Eso es quedarse corta mi señora, —afirmó Camaxtli—. Con las condiciones que vamos a encontrar en el Oscuro no podremos sacar el máximo partido a unas naves tan poderosas cómo estás. —Amigos, el éxito de la misión está por encima de nuestra propia seguridad, —continuó Matilda—. Las ordenes son claras: si no podemos proteger el Aro, nuestra obligación es destruirlo a toda costa. Cueste lo que cueste. El emperador jamás debe poseerlo. —Todo está perfectamente claro capitán, pero tengo que decir algo que yo sé que no te va a gustar, —dijo Ushlas, y mirando a los demás comandantes añadió—: la presencia de Matilda en la Tharsis, junto con Eskaldár y sus doncellas, hace que tengamos que proteger a esta nave a toda costa. —No hacen falta explicaciones, —contestó uno de ellos mientras los demás asentían— lo comprendemos perfectamente. —Gracias a todos, pero ya sabéis que esta situación no es de mi agrado, —y después de una pausa prosiguió—. Hace dos días, seis cruceros pesados imperiales de clase Numbar, al mando del mariscal Rahoi, han partido de algún lugar cercano al límite del sector, lo que significa que en realidad nos llevan cuatro días de adelanto, —y dirigiéndose a la Princesa Súm añadió—. Han embarcado 5.000 guardias imperiales de elite. —¿Cinco mil? ¡Joder! Van a ir bien juntitos. Rahoi ...