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Tetazas para un fin de semana
Fecha: 19/03/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Paty13, Fuente: CuentoRelatos
... Siempre me has gustado, tienes un cuerpo impresionante y siempre había deseado tener tus pechos para mí —proseguía. Me manoseaba y yo me dejaba hacer como un maniquí, inerte, observando como su hipnótica mirada permanecía posada sobre mi escote. No pensé en nada más y abrí mi blusa, sentía curiosidad por cómo se desenvolvería, que haría conmigo, mis pechos salieron con la intención de ser sobados, la verdad que son muy grandes y así lo reconoció Enrique, con una gran exclamación “¡Maravillosos!” su cara reflejaba una libidinosa alegría. Pese a que no me caía especialmente bien y que había aceptado la situación por compromiso, existía una carga erótica que poco a poco se apoderaba de mí: la incertidumbre del momento, la curiosidad por sus reacciones, su forma de manejar mis melones, el dejarlo como dueño de mis pechos, me excitaba en sobre manera, sin darme cuenta. Cierta calentura se apoderaba de mí. El tacto de sus manos y su forma de tocarme eran nuevas para mí, y sus movimientos ansiosos, desesperados. Amasaba mis pechos, los levantaba como si evaluase su peso jugando con ellos como le apetecía. Tras unos instantes, paso a chupármelos, noté como sus labios hacían presa sobre mis pezones y como su lengua jugaba con ellos. Un respingo de placer recorrió mi cuerpo. Los beso, labio y succiono, alternaba de uno a otro, con un hambre voraz que me excitaba. Absorta ante aquel placer inesperado, no discernía entre lo que quería y podía hacer. Miré a mi ...
... alrededor, no había nadie, solo Enrique y yo, y su apetito hacia mis pechos que lamia con lujuria. Notaba el calor de su boca, como su saliva empapando mis pezones, hasta podía ver su libido en cada uno de sus actos cada vez más desesperados, era inevitable su petición. —Déjame follarte las tetas, fueron sus palabras exactas. Quiero poner mi verga entre esas lolas y sentir como lo aprietan. Aunque ya lo había hecho con mi marido, escuchar esa propuesta de un “desconocido” era bastante diferente e impactante. —Está bien —accedí— aunque con una condición. —¿Cuál? —preguntó intrigado. —No quiero que termines sobre mí, tan solo te apartas y terminas a un lado. —Está bien, no hay problema –Aceptó Enrique. Como con un resorte, se desvistió, y vi aparecer su pene totalmente erecto y brillante ante mí. Eso me hizo sentir rara, no sabría cómo explicarlo, llevaba mucho tiempo sin ver un pene distinto al de mi marido y no estaba acostumbrada. Note que el de Enrique era más grueso, al acercarse a pocos cm de mi cara. Estaba excitadísima. Me arrodille en la arena, lubrique el canalillo y lo sentí acomodarse entre mis pechos, era más grueso que el de marido, sin duda y estaba muy, muy duro. Apreté los pechos contra su pene y vi cómo se deslizaba entre ellos con movimientos rítmicos como si efectivamente me estuviera follando. Me enorgullecía su cara de excitación, lujuria y fascinación por haber logrado cumplir una fantasía largamente soñada y que ahora era ...