1. Tetazas para un fin de semana


    Fecha: 19/03/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Paty13, Fuente: CuentoRelatos

    ... real.
    
    Tenía su erecto pene entre mis pechos y se los estaba follando. Mis pechos eran suyos al fin. Yo notaba toda la dureza de su miembro entre ellos y lo dejaba hacer cual chiquillo caprichoso que me usara como un juguete sexual a su antojo. Verlo tan satisfecho de alguna forma me gustaba. Estuvimos así unos instantes hasta que, sin previo aviso comenzó a eyacular sobre mí, mojándome todo el cuello con su leche caliente, cosa que me molestó, pues no era lo acordado. Me enfadé y le dije que ya no íbamos a quedar más, había roto las reglas.
    
    Él se puso triste y comenzó a pedirme perdón, excusándose en que mis tetas eran maravillosas, que nunca había tenido una experiencia así, que se arrepentía, pero no pudo evitarlo, casi iba a llorar.
    
    Yo estaba pringosa por el fluido que corría por mi pecho, como estábamos frente a la playa, me desnudé y me metí en el agua para bañarme y limpiarme. Él se quedó mudo esperándome, y sin dejar de mirarme se masturbo.
    
    Tras eso, esperamos a que mi marido y su esposa de Enrique volviesen. Nadie habló de lo sucedido con las otras parejas, ya que era una de las reglas que habíamos puesto. Lo que, si es cierto, es que ya por la noche en la tienda de campaña con mi marido, tuvimos una de nuestras mejores noches de sexo de nuestra vida, por toda la excitación lograda aquel día con las nuevas prácticas sexuales derivadas del intercambio de pareja.
    
    Sin embargo, la semana no había hecho más que empezar, y aquel juego era algo que se iba a ...
    ... ir repitiendo en los días sucesivos. Cada mañana, después del desayuno, las parejas nos intercambiamos y cada uno seguía un camino, para reencontrarnos al mediodía. Por la tarde todo era normal, lo pasábamos bien, riendo, jugando a las cartas, sin comentar demasiado lo sucedido por la mañana. Por las noches estaba cansada y mi marido se acercaba a mí dándome cariño.
    
    Decidí no tener sexo con Enrique, más allá de las cubanas, por lo que cada día se convirtió en la rutina en la que el magreaba mis pechos luego frotaba su pene contra ellos, y tras lo que había pasado el primer día, le obligué a terminar sin estar encima mío, de forma que él se masturbaba mientras que con la otra mano seguía tocando mis pechos.
    
    Más de una vez me pidió que lo masturbara yo, así podría tocarme las tetas con las dos manos, pero le dije que no, que se acabara el. Me gustaba el ansia como se masturbaba y como me apretaba la teta al descargarse.
    
    Debo decir que me quedé con la curiosidad de tocar su pene con mi mano, aunque no me atreví a hacerlo por miedo a que lo interpretara mal y diera pie a más cosas en mí que no estaba dispuesta a dar. Pero tuve la sensación de tener su grueso pene entre mis pechos, potente y fuerte, eso de algún modo era tenerlo en mi cuerpo.
    
    Aquella situación era igualmente excitante, por un lado ver aquel hombre masturbarse delante de mí despertaba mi curiosidad, por otra parte me sentía como un objeto y también deseada, notando su respiración acelerada y su perdía el ...