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Petición de una hija a su madre
Fecha: 11/05/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: javie, Fuente: CuentoRelatos
Ya hace tiempo que voy a entrenar a un gimnasio cerca de casa, como unos 10 años. La verdad es que en esta fase he pasado de todo, desde estar cachondo al ver cualquier cuerpo, a incluso fijarme en los hombres, masturbarme en la ducha, no poder hacerlo al escuchar voces de tíos alrededor, poder hacerlo al pensar en la madura que estaba delante… Quieto, ¿qué acabo de decir? Pensando en la madura que estaba entrenando a mi lado. Así es, ahora mismo estoy en la fase más novedosa de mi visa sexual relacionada con ese gimnasio: no me gusta fijarme en las evidentes chicas que van llamando la atención sino en las mujeres (y alguna chica, va, la incluyo en el grupo) que entrenan conmigo sudando, gimiendo, mirándonos y hablando. Aunque hay muchas con las que me llevo muy bien y hablamos de vez en cuando ya sea en el gym o después tomando un café (sólo hemos salido de fiesta 1 vez, no voy a mentir) y con casi todas me he imaginado un encuentro más o menos sexual o insinuante, con una de ellas siempre he tenido especial deseo. Gabriella, de unos 50 años con un cuerpo bien compacto, de pequeña estatura. Más de una vez hemos hablado de sexo abiertamente pese a nuestra diferencia de edad y no es que sienta especial interés en tener sexo con ella, hasta que me propuso ir a comer a su casa. Yo estaba bastante extrañado, pero bueno, acepté la invitación. No me arreglé demasiado, imaginaba que le apetecía compartir un rato conmigo y hablar de cosas o se sentía sola o necesitaba que ...
... le reparara el ordenador, pues siempre es una buena excusa para conseguir el arreglo gratis. El caso es que me sorprendió ver a su hija cuando llegué a casa. Allí estaban las dos cuando me abrieron la puerta. Honestamente, su hija no es que me ponga demasiado o me dé mucho morbo. Vale, lo reconozco. Belinda tiene un buen cuerpo petit, 25 años, hace mucho deporte y he sudado con ella muchas veces en crossfit. La respeto. Nos pusimos a comer en nada porque ya tenían todo preparado y estuvimos hablando de los entrenamientos, de las vacaciones, del gimnasio, de este del otro… Algo normal. Luego sacamos unos chupitos y empezó a calentarse un poco la cosa. No pude evitar que dos o tres pensamientos sobre Gabriella se metieran en mi cabeza viendo los shorts apretados que llevaba puestos y cómo se modelaba al desplazarse por el salón y la cocina recogiendo cosas. Belinda estaba conmigo mientras sentada en el sofá y hablábamos de próximas carreras a las que pensábamos participar, y me costaba actuar de forma normal porque ya estaba empalmado y no me sentía muy cómodo con la situación. Pero el 5 chupito ya empezó a ablandarme. Gabriella, que ya se las sabe todas de la vida fue al grano y me preguntó: “Oye Jose, no voy a andarme con rodeos que nos conocemos. ¿tú aguantas mucho ahí dándole al tema?”. En ese momento tal y como estaba me recorrió una descarga por el cuerpo justo desde el final de mi espalda hasta la cabeza. Menuda pregunta. Pero, en fin, yo no creía que fuera a ...