1. Los Pastrana y los Salvatierra (Capitulo 2)


    Fecha: 15/05/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Tothem, Fuente: CuentoRelatos

    ... asombro.
    
    — Por aquí no hay ocasión de ver ningún buga de estos. Anda, llévame a dar una vuelta guapo —dijo Rosa en tono cariñoso agachándose de forma leve dejando ver el escote.
    
    — Yo no… puedo… si yo… Además, yo que gano en ello, sino problemas.
    
    — Qué pillo es el señor, no.
    
    Filipo vio su oportunidad, pensaba que la hembra lo valía, dejo a un lado su carácter introspectivo e hizo su alarde de chulería.
    
    — Polvo, no? —dijo en tono decidido.
    
    — Eres guapo, pero solo será pajote —dijo Rosa cerrando el puño y subiendo y bajando la mano.
    
    — Paja y mamada, sino nada…
    
    — Hecho, te aplico pajote con mamada, aunque no trago, te aviso.
    
    Sarita era una chica mimada que poco sabía del mundo, pero los dieciocho años recién cumplidos creía que era una mujer de mundo. Y no era más que un medio cómodo de sentirse transformada en mujer al día siguiente de haberlos cumplidos. Pensaba que así solucionaba su falta de experiencia.
    
    Entretanto Nacho había dado la señal a Zacarías, el terreno estaba libre, el auto se alejaba en una humareda de polvo. Zacarías con la camisa abierta se dejaba entrever el tatuaje del bisonte en su torso. No tardo en ir tras la estela de Sarita, podía observar el vestido de estampados primaverales, que tenía ante él, esas piernas blancas, los movimientos de los brazos tomando las palomitas, sorteando algunos montículos del desigual terreno, de tanto en cuanto. La concurrencia no era mucha, campesinos disfrazados de gente de la ciudad, con sus ...
    ... chaquetas cortas y raídas, barbas de una semana. Sarita se paró ante una atracción de coches de choque, apenas había media docena de personas. Se oían los mugidos de las vacas, y ese olor a estiércol, el repiqueteo de los cencerros de las ovejas era insistente. Se oía el graznar de los cuervos, uno de los cuales se había posado en un árbol cercano y su quietud daba la impresión de que observaba el ambiente, como un espectador en un teatro.
    
    — Le apetece montarse en uno —dijo en tono afable Zacarias.
    
    — Perdón, es que… he… No soy de por aquí, sabe…
    
    — Sí, ya lo sé, su acompañante me ha dicho que le acompañara.
    
    — Es nuestro sirviente Filipo.
    
    — Lo sé, siempre he sido un gran fiel a su padre don Luis, por eso quiero que se sienta como en su casa.
    
    Sarita quedo algo impresionada, el porte del hombre era rudo, pero esa estatura, sus brazos, tenía esa elegancia de lo vulgar. Presto y diligente fue a la caseta de al lado, mientras ella estaba algo vacilante observando los coches de choque. Apenas unos minutos después se volvía a presentar con dos vasos grandes.
    
    — Tome, es la bebida típica de aquí.
    
    — Gracias, pero… no me ape… Bueno, lo probare —dijo Sarita no queriendo ser desagradecida y tomando algunos sorbos— Está dulce y es bueno.
    
    Tras la ventanilla de la atracción se erigía Nacho con miradas de soslayo hacía Zacarías, que por su parte le hacía muecas de aprobación al lado de Sarita, con ojos vidriosos. Lleva fichas en sus bolsillos y ahora que ha bebido ese ...
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