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Me llaman Cascabel
Fecha: 23/05/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
Me atraían profesores de la escuela y hasta madurones y viejos que veía por la calle. Siempre he sido muy tímido, muy vergonzozo y a esa edad me era inimaginable alguna conquista. Pasó el tiempo y ahora, cuando acabo de cumplir dieciocho años -aunque aparento quince- sigo siendo un chico tímido, pero mi timidez convive con el deseo cada vez más fuerte de probar vergas. Para seguir con mi historia les cuento que los quince años perdí a mis padres en un accidente y fui dado en custodia a tía Celia, hermana de mamá, con quien vivo todavía mientras pienso si presentarme a la Justicia para pedir que cese la tutoría ahora que soy mayor de edad, aunque me parece que no lo haré porque me siento morbosamente bien en manos de ella. Es una mujer de cincuenta años, morocha, robusta, viuda y de carácter autoritario, muy mandona y eso me excita porque además de gay soy sumiso. Me gusta obedecer, me calienta que me dominen, que me den órdenes y yo obedecerlas. Tía Celia estuvo enemistada a muerte con mamá por una cuestión de celos e intereses económicos y cuando su hermana murió pudo, gracias a un contacto en cierta fiscalía, que la designaran mi tutora y me entregaran a ella, que vio y ve en esa situación una forma enfermiza de vengarse de su hermana a través de su sobrino. Por eso siempre, desde el primer día me sometió a una dominación rigurosa y me trató mal sin darse cuenta de que yo disfrutaba y disfruto morbosamente de ese maltrato. Tía Celia es contadora y trabaja ...
... en un estudio de abogacía. Se va al estudio poco antes del mediodía y vuelve alrededor de las nueve de la noche. Yo tengo que ocuparme de la compra y de mantener la casa ordenada y limpia siguiendo sus instrucciones. Anoche, mientras cenábamos, me dijo: -Oíme, Cascabel, cumpliste dieciocho añitos, sos mayor de edad y podés pedir que se te libere de mi tutoría. ¿Lo pensaste? -Sí, tía, pero… pero no… -No ¿qué? -Que… que no quiero que su tutoría termine… -¿De verdad? -Sí, tía, de verdad… -reafirmé con la vista clavada en el plato y las mejillas ardiéndome. -Eso me alegra, Cascabel. –dijo ella. –Porque necesito a alguien que se ocupe de la casa, como te ocupás vos. Una sirvienta me saldría cara, en cambio vos no me costás más que la comida y además sos muy bueno como sirviente, como… mucamita… -¡Tía! –protesté asombrado e inquieto. -Calmate, Cascabel, ¿creés que no me doy cuenta de que sos gay? -No, tía Celia, yo… -intenté protestar, pero ella se me impuso. -Oíme, nene, entré en tu cuenta en el ordenador… ¿Y qué vi?... Vi una carpeta donde tenés fotos de viejos exhibiendo sus pijas… ¿Vas a seguir negándome que sos putito? Y además un putito al que le gustan los viejos… Todo un hallazgo mi sobrino Cascabel… A esa altura del diálogo yo estaba totalmente desarmado sicológicamente, sin ninguna posibilidad de rebelarme, y ella siguió: -Oíme bien, nene, voy a decirte cómo serán las cosas de aquí en adelante. Vas a ser mi esclavo, mi mucamita, ...