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Me llaman Cascabel
Fecha: 23/05/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
... ¿Entendido? -Pero, tía… -Pero nada, Cascabel, a menos que quieras que le cuente a toda la familia que sos puto… ¿Eso querés? -¡Ay, no, tía Celia, por favor! –supliqué horrorizado. -Bueno, entonces dejate de pavadas. Yo mando y vos obedecés. ¿Está claro? -Sí, tía, no me queda otra… -Sí te queda otra, te queda negarte y que toda la familia se entere de que sos puto. –dijo ella cínicamente. -¡Nooooooo! –grité angustiado. –O desligarte de mi tutoría y ver cómo te las arreglás. -No, tía Celia… ¡por favor!... -Bueno, asunto terminado entonces. –dijo. –Levantá la mesa y lavá los platos. -Sí, tía Celia… -murmuré sumiso. Mientras cumplía con la tarea me sentía muy excitado. Trataba de luchar contra esa calentura morbosa, pero era imposible y al final me entregué, vencido, a la perversidad de tía Celia. Cuando terminé, ella inspeccionó la vajilla que yo había lavado y dijo: -Bien, mucamita, ¡muy bien! –y después: -Oíme, Cascabel, ahora que sé que sos puto me entraron ganas de verte denudito. Me ruboricé y apenas pude balbucear una palabras: -Pero, tía… Yo… -Obedeceme, nene, a menos que prefieras que mañana mismo empiece a llamar a la familia para darles a todos la gran noticia. -No, tía, no… -murmuré y ella me tomó de un brazo, me llevó a su dormitorio y una vez allí repitió la orden: -Vamos, Cascabel, sacate la ropita. –y supe que tenía que obedecer. Además, empezaba a excitarme eso de exhibirme desnudo ante ella. Así que me ...
... quité las zapatillas, el jean, la remera y por último el slip, con tía Celia sentada en el borde de la cama. Yo estaba de espaldas a ella, avergonzadísimo y a la vez muy caliente. Durante algunos segundos todo fue silencio hasta que por fin le oí decir: -Qué cuerpo tenés, Cascabel… ¡Qué cuerpo impresionante tenés!... Esa cinturita… esas caderas casi de nena… Esas piernas… ¡Ese culo!... Y no tenés pelos… Vení acá. Y fui, mirando al piso, hirviendo de calentura, con el pene erecto que ella tomó entre sus manos haciendo que me estremeciera de pies a cabeza. -Mmmmmhhhhh, estas calentito, ¿eh, Cascabel? -Sí, tía Celia… sí… -acepté después de tragar saliva. -Seguramente te gustaría que uno de esos viejos de las fotos que tenés te dieran verga ahora mismo… -Sí… sí, tía, ¡síiiiiii!... -Ay, ay, ay, Cascabel, cómo me gusta tener un sobrino tan lindo, tan putito y tan en mi poder… Yo temblaba de tan caliente y obedecí enseguida cuando me ordenó que me diera vuelta. Sentí sus manos en mis nalgas y mis piernas temblaban mientras ella me sobaba ambos cachetes, por momentos con caricias lentas y suaves que de pronto transformaba en presiones intensas y a veces en fuertes pellizcos. -Me calentás, Cascabel… -dijo de pronto y sin dejar de trabajarme las nalgas. –Pero me calentás raro… No me calentás como varón sino como si fueras una chica… -me aclaró develando cada vez más su naturaleza perversa y haciendo que la temperatura de mi excitación subiera cada vez ...