1. Me llaman Cascabel


    Fecha: 23/05/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    ... más.
    
    -Trepá a la cama y esperame en cuatro patas, lindo. –dijo de pronto. –Yo ya vuelvo. –y cuando volvió vi que traía un pote en la mano derecha.
    
    -Es crema, putito. Voy a trabajarte el culo con los dedos. Te voy a coger, Cascabel…
    
    -Ay, tía… -murmuré presa de la calentura más extrema que había sentido en toda mi vida. Lo más que yo había probado en el culo hasta ese momento era mi dedo medio cada vez que me duchaba y tía Celia había dicho “dedos”… ¿Es que se proponía meterme más de uno? Y así fue. Me metió primero uno y unos segundos después otro mientras yo movía mis caderas de un lado al otro y de adelante hacia atrás siguiendo el ritmo que sus dedos marcaban avanzando y retrocediendo dentro de mi culo. Tía Celia estaba de rodillas entre mis piernas e inclinada sobre mi espalda, hablándome al oído: -Te gusta, ¿eh, Cascabel, putito mío?... Sí, claro que te gusta sentir mis dedos en tu hermoso culo… Tenés dos dedos adentro, Cascabel, para que te vayas acostumbrando, aunque mis dos dedos son más angostos y más cortos que la pija de cierto señor que vas a tragar muy pronto… -y cuando me dijo eso me estremecí entero aunque mi cabeza y mi cuerpo eran un torbellino que me impidió preguntarle en ese momento a qué se refería. De pronto escuché que había empezado a jadear ...
    ... cada vez más fuerte: -Me estoy… me estoy masturbando, Cascabel, me… calienta mucho cogerte… -dijo y de pronto sus palabras se convirtieron en un grito largo, casi un alarido mientras me quitaba los dedos del culo y se derrumbaba boca abajo en la cama, junto a mí, que no daba más de las ganas de masturbarme. Entonces me atreví a preguntarle: -Tía… ¿puedo… puedo masturbarme? No… no aguanto más, estoy… estoy muy caliente…
    
    -Andá… andá al baño… -murmuró a modo de autorización y yo salí poco menos que volando para liberarme de esa tensión torturante de tan extrema. Me senté en el inodoro de cara a la pared y era tal la calentura que no tardé en soltar varios chorros de leche, dos de los cuales fueron a caer azarosamente en mi muslo izquierdo. Los miré, los recogí con el dedo medio de mi mano derecha y los bebí disfrutando de su sabor, mientras imaginaba que era el semen de algún viejo de ésos con los cuales fantaseaba afiebradamente. Entonces recordé que tía Celia, mientras me cogía, había mencionado la pija de cierto señor que yo iba a tragar muy pronto. ¡¿Sería posible eso?! ¿Tía Celia había dicho la verdad?! Volví al dormitorio con el ánimo perturbado y la encontré dormida, entonces me fui a mi cuarto y me tendí en la cama, pero me costó mucho conciliar el sueño.
    
    (continuará) 
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