1. La marca del aspa


    Fecha: 25/05/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    Hace unos días me encontré con un antiguo compañero de clase del Colegio. Se trata del Abelardo Toledo. Sabía que su padre tenía negocios con el mío y que no sería raro que un día nos encontraríamos cada uno con lo nuestro frente a frente. Yo, en efecto, estaba ya muy metido en los negocios familiares y prácticamente llevaba todo un sector en el que su padre tenía muchos negocios. Ya me había entrevistado varias veces con el padre de Abelardo, muy amigable, amable, alegre y muy “echado p’alante” en el buen sentido de la palabra. Esta era una expresión que su padre comentaba con respecto a mí a cualquiera que encontraba en la oficina. La verdad es que por suerte o fortuna o no sé qué yo estaba haciendo crecer el capital de don Faustino, el papá de Abelardo. Pero este día llegó Abelardo para hacer lo que su padre hacía y un poco como que me azoré. También noté que él dio un paso atrás, pues tampoco sabía que se iba a tropezar conmigo, solo que llevaba buenas referencias de su padre.
    
    La secretaria lo introdujo hasta mi despacho mientras yo atendía al teléfono algo sin mucha importancia y le dije que se sentara.
    
    Cuando apagué el móvil me preguntó:
    
    — Eres tú Jess Bueno?
    
    — Sí, fuimos condiscípulos en el Colegio, Abelardo.
    
    Bajó la cabeza y vi como que se desorientaba y le dije:
    
    — Abelardo, somos adultos, de pequeños hemos hecho mil barrabasadas y eso es tiempo pasado que nos ha curtido. Ahora tenemos otros asuntos que tratar. Mi obligación es hacerte rico y ...
    ... procurar que tu capital aumente; así lo he hecho siempre con tu padre, de modo que cuanto más rico seas tú más lo voy a ser yo, porque te cobro por porcentajes y no por cuota fija. Esto es bueno para nosotros —seguí explicándole—, ya te habrá puesto tu padre al corriente, supongo.
    
    — No, mi padre solo me ha dicho que me pase por aquí, me entere de todo, que tú me explicarías todo y que haríamos buenos negocios.
    
    — No es mucho lo que te ha dicho. Yo puedo poner tus capitales sin riesgo, yo gano menos y tú también y si el dinero decrece mucho quiere decir que disminuye; con tu padre tu dinero activo siempre está en riesgo, mi trabajo consiste en que el riesgo sean ganancias que no pérdidas, con eso ganas tú y gano yo. Por la cuenta que me trae tu dinero crecerá y, si el riesgo lo veo al límite, estarás siempre avisado y recomendado para retirar o seguir adelante. Tú mandarás siempre de tu dinero, yo estoy para que ganes.
    
    — Supongo que con esto me serás fiel.
    
    — Con mis clientes siempre soy fiel, vosotros sois la razón de mi trabajo, ¿acaso tu padre no te ha puesto de sobre aviso en esto?
    
    — Tan fiel, tan fiel serás como lo fuiste en aquel chiquillo..., ese, se llamaba...
    
    — Eugenio
    
    — Eso, Eugenio, el mariconcete ese de primero de ESO, ¿por qué te vengaste de mí tan cruelmente si yo no te hice nunca nada?
    
    — Abelardo, Abelardo, ¿no te acuerdas de aquella vez que quemaste mi ropa cuando yo estaba en la ducha?
    
    — Lo recuerdas todo, ¿cierto?
    
    — Si lo recuerdo todo, ...
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