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Un profesor, Una alumna y un colegio católico - parte 8 final de serie
Fecha: 13/06/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Xander_racer2014, Fuente: SexoSinTabues
... tengo una mano acariciando mi pene. Ellas son increíblemente sensuales. Micaela está tensamente atada, sin embargo su cuerpo está llamativamente relajado, dispuesto y entregado a las sensaciones que la invaden. Cecilia baja a sus pechos. Pellizca un pezón con sus dedos. El otro es atrapado por su boca. Lo lame, lo chupa, lo mordisquea. Los gemidos de Micaela me incendian interiormente. Mi miembro ya está erecto. Cecilia continúa su descenso. Va besando y mordisqueando su abdomen y los jadeos de Micaela se hacen más y más intensos, salvajes, vivos. Llega a su sexo, que ya está por demás húmedo. Su lengua comienza a hacerle verdaderos estragos de placer. El cuerpo de Micaela lucha inútilmente contra sus ataduras. Apenas puede ladearse cuando el placer le pide contorsionarse. Está gozando hasta el desquicio. La lengua de Cecilia ejerce un feroz dominio sobre el expuesto clítoris de su sumisa. Los jadeos de Micaela son intensos y descontrolados. Deja ir su cabeza hacia atrás sobre la almohada y grita de placer. Mi Cecilia acaba de proporcionarle un intenso orgasmo a pura pericia oral. Pero esto no detendría a Cecilia. Por el contrario, tenía un arnés que aún estaba sin estreno y a una sumisa indefensa, ofrecida y dispuesta a seguir de largo. De modo que le dije que aunque era un juguete, era conveniente ponerle un preservativo, por razones de higiene. Cumplido esto, se situó entre sus piernas y la penetró. Volvió a acomodarse sobre ella y comenzó a cogerla, al tiempo que ...
... volvieron a besarse. Vistas de costado, el roce de sus pechos frotándose entre sí por el movimiento de su respiración, era un espectáculo insoportablemente hermoso para mirar pasivamente. Mi pene ya estaba tan duro, que solo atiné a situarme detrás de Cecilia. Por algo le había dicho que no usara el botón anal. Para ese orificio yo tenía mi botón natural bien erecto y reclamando acción, de manera que le apliqué un poco de gel dilatador sobre su entrada, la fui abriendo con mis dedos y luego la penetré. Cecilia estaba siendo doblemente penetrada. Yo la cogía por el culo, mientras un botón vaginal hacía lo propio por delante. Debajo de ella, Micaela seguía recibiendo la cogida que Cecilia le daba. Decidí esperar los embates de Cecilia contra Micaela y acoplarme a ellos, para ir ambos al mismo ritmo y en la misma dirección a un tiempo. Pronto la habitación volvió a llenarse de gemidos, jadeos, enronquecidos gritos de placer. Cuando sentí que me iba, me salí de Cecilia y me situé junto a ambos rostros. Al verme, se ladearon hacia mí y esperaron con sus bocas abiertas, mientras mi mano le daba a mi pene, el empujoncito final para su eyaculación. Bañé sus rostros y ellas se lamieron mutuamente, atrapando mi esperma con sus lenguas, llevándolo a sus bocas y tragándolo como si fuera un ritual. Luego me alejé un poco para seguir observándolas mientras se fundían piel con piel, lengua con lengua y aunque Cecilia llegó primero a su orgasmo, continuó penetrándola dos o tres minutos más, hasta ...