1. Un chiringuito como origen de placer


    Fecha: 22/06/2020, Categorías: Microrelatos, Autor: remyvelez, Fuente: CuentoRelatos

    Hola a todos. Hacía tiempo que no escribía un relato, así que por fin he podido sacar algo de tiempo para ponerme. Algunos de vosotros que me habéis escrito correos para comentarme los relatos anteriores me preguntabais que cuál era la polla más grande que me ha follado, y sobre eso va este relato.
    
    Cuando mi experiencia no era aún mucha, trabajaba en un chiringuito de playa en verano, para pagarme los caprichos y poco más. Era uno de esos que servían desde cafés hasta paellas, con un buen número de clientes habituales.
    
    Una sofocante tarde, que ya me quedaba poco para acabar mi turno, hice un alto para ir al baño a echarme agua por la cara. Era poco más que un cuchitril, con un urinario, un lavabo y un wáter cerrado. Entré rápido pensando que estaría vacío al estar la puerta sin pestillo, pero resultó que había dentro un tío en el urinario meando.
    
    - Perdón... -empecé a disculparme, pero no pude acabar la frase porque mis ojos se fueron directos a la enorme polla que tenía el tío entre sus manos. Estaba en reposo pero ya era un palmo de larga, recta y circuncidada, y estaba acabando su meada, por lo que estaba viendo. Mis ojos se abrieron por el asombro ante ese monstruo y me quedé unos instantes paralizado por la sorpresa. Y quizás algo de ganas.
    
    Tardé unos segundos en poder apartar la mirada, y levantarla hacia la cara del dueño de ese portento. Era un cliente habitual que solía venir casi a diario a tomarse un café o algún helado, un tío de unos treinta y ...
    ... muchos, quizás cuarenta años. Él se giró hacia mí y con ese pedazo de herramienta entre sus manos me miró y se quedó ahí plantado.
    
    Mis ojos volvían una y otra vez a esa polla tan hermosa y de nuevo intenté farfullar una disculpa:
    
    - Perdona, solo quería usar el lavabo -notaba como me iba poniendo rojo, pero seguía sin poder evitar mirársela.
    
    - Por mí no te preocupes, pasa y sírvete -me dijo él con una incipiente sonrisilla en su cara, pero sin hacer amago de guardarse la polla o de moverse para esconderla.
    
    La timidez de mis 18 años y los nervios por estar en el trabajo me hicieron sordo a lo que luego entendí que era una invitación bien clara, así que continué unos segundos más ahí plantado mirando esa polla enorme y poniéndome como un tomate, mientras él se mostraba orgulloso. Al final, murmuré que ya volvería en otro momento y me salí avergonzado.
    
    Retomé mi trabajo, o al menos lo intenté, porque no se me iba de la cabeza la tremenda herramienta que acababa de ver, mientras me daba cuenta que hacía más de una semana que solo me masturbaba y no había follado. La calentura me estaba mareando.
    
    Unos minutos después vi al tío salir del baño y dirigirse a una mesa desde donde me hizo una seña para que fuera. Me acerqué a él, que me miró con esa media sonrisa suya, y me pidió un café y un agua. Mientras yo anotaba el pedido, vi por el rabillo del ojo que aprovechando que en esa postura no se le veía desde la barra o la playa, se echó mano al paquete y se colocó la polla ...
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