1. Confesiones de mi sumisa


    Fecha: 01/07/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... llaves del bolsillo sin poder evitar pensar en las largas horas de tutorías que me esperaban al día siguiente en la universidad, pues se acercaban los exámenes finales y, como cada curso, buena parte de los alumnos trataría de resolver en dos semanas lo que no había hecho en todo el semestre.
    
    Con un suspiro de resignación abrí la puerta, entré en casa y, tras cerrar con doble vuelta, dejé las llaves sobre la mesa de la entrada. Entré en el salón, dejé la bandolera con los libros y cuadernos en la mesa, y me quité los zapatos, cansado. Me disponía a dirigirme al sofá cuando un gemido llamó mi atención, y al volverme vi a mi mascota mirándome con ojos de adoración, a la espera de una caricia o una palabra de cariño. Me agaché junto a ella, mi perrita, y la acaricié. Sentí que temblaba, aunque no podía saber si era por la emoción de sentir mis caricias o por los dos vibradores que llevaba insertados en su cuerpo, un consolador en el coño y un plug con un penacho de pelo que emulaba una cola en el culo. Su cuerpo estaba completamente desnudo, a excepción de un collar de perra que yo mismo le compré el día que me la llevé a casa. Mi perra, feliz de tenerme en casa, me llenó la cara de besos hasta hacerme reír.
    
    —Basta, basta, pequeña —dije con una sonrisa, y me dirigí al sofá con ella pegada a mis piernas. Una vez allí me puse cómodo y miré de nuevo a mi adorada mascota—. Deja que te vea. Ponte a dos patas, perrita mía.
    
    La joven se levantó, abrió las piernas y colocó ...
    ... las manos tras la cabeza, tal y como yo le había enseñado durante la doma. Observé su cuerpo, ese cuerpo juvenil que tan bien conocía ya. Su piel clara y limpia, sus formas exquisitas, los dos pechos pequeños pero deliciosos, su coño afeitado, como el de una niña. Llevaba dos coletas, tal y como sabía que me gustaba, y su mirada tan solo reflejaba deseo y amor. El collar, pequeño y delicado como ella, llevaba grabadas tres letras: JWB. Jason W. Black, el nombre de su dueño.
    
    No fue necesario que le dijese lo que tenía que hacer. Mariana, pues era una perra excepcional, obediente y dispuesta como ninguna, y conocía bien qué era lo que yo esperaba de ella. Nunca me decepcionaba. Me desabrochó el cinturón, bajó el pantalón hasta quitármelo y, finalmente, se arrodilló y me bajó los calzoncillos. La expresión de felicidad de Mariana cuando vio mi polla dura me recordó a la de un niño ante un dulce, y como tal la devoró, enterrándola en su boca por completo. Acto seguido comenzó a hacerme una mamada con la habilidad que había adquirido después de docenas de ellas. Sonreí al recordar que al principio la hacía practicar con gruesas zanahorias mientras la observaba por cam. Siempre fue una jovencita muy aplicada.
    
    Mientras su boca, sus labios y su lengua me regalaban una excelente mamada, le di dos tirones del collar para que supiese que quería que subiese al sofá. Lo hizo, lo que me permitió acceder a los consoladores. Decidí empezar por el del culo, un culito todavía virgen que ...