1. Confesiones de mi sumisa


    Fecha: 01/07/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... reservaba para una ocasión especial. Desabroché el arnés que sujetaba ambos consoladores, le saqué el del culo y le metí dos dedos, que entraron con facilidad a causa de lo dilatada y mojada que estaba. Le follé el culo con los dedos durante unos minutos, pero no tardé en ir en busca del premio gordo y retiré por completo el arnés para poder coger el segundo vibrador. Ambos eran estrechos, pues quería a mi perra estrecha para sentir así un mayor placer, y emitía suaves vibraciones que no eran suficiente para que se corriese, pero que la mantenían en continuo estado de excitación. Saqué el consolador de su coño, le metí de golpe dos dedos y, cuando apenas empezaba a follarla con ellos, se corrió entre gemidos. Me relamí los labios satisfecho y la miré a los ojos, dos ojos que sabían que se había ganado un castigo.
    
    Sin una sola palabra la agarré de los pelos, tiré para sacar mi polla de su boca y me puse en pie. Con su metro cincuenta de altura y sus cincuenta kilos, y teniendo en cuenta que yo soy un hombre corpulento y fuerte, no supuso ningún problema echármela al hombro como un saco. Mariana todavía jadeaba a causa del orgasmo cuando la llevé a la habitación y la arrojé sobre la cama sin contemplaciones. Consciente de lo que se esperaba de ella se puso a cuatro patas y sacó culo, preparada para el castigo.
    
    Con una mano sujeté las suyas a la espalda y con la otra empecé a azotarla mientras la perra contaba en voz alta los azotes. No le ...
    ... di descanso hasta que llegué a cincuenta, y para entonces ella lloraba de dolor. Su culo al día siguiente estaría morado, pero no era la primera vez.
    
    —¿Quieres que pare? —pregunté mirándola muy serio.
    
    —Soy tuya —respondió con voz cargada de excitación—. Haz lo que quieras conmigo, Amo.
    
    No esperaba otra respuesta. Como ya dije está muy bien domada y su entrega solo está a la altura de su obediencia.
    
    Le clavé la polla en el coño y empecé a follármela con fuerza al tiempo que la agarraba del pelo. La perra jadeaba y gemía, tan excitada por la situación que su coño goteaba sobre las sábanas cada vez que yo sacaba la polla solo para volver a metérsela de un golpe. Sabía que ella no sería capaz de soportar mucho más tiempo ese ritmo, pero no solo no me importaba, sino que usé la mano libre para buscar su clítoris y atacarlo también.
    
    —¡Pa... pi! ¡Papi! ¿Pu... pue... pu...?
    
    —Puedes correrte, perra.
    
    Estalló en una corrida tan bestial que sus ojos se pusieron en blanco, pero yo continué embistiéndola. Solo un par de minutos después, cuando sus gemidos volvían a acompañarme, sentí que estaba a punto de estallar y saqué la polla con presteza. Mi perrita, siempre pendiente de mi placer, buscó mi polla de inmediato y la engulló justo en el instante en que me corría. No desperdició una sola gota. Satisfecho me dejé caer en la cama con ella acurrucada a mi lado.
    
    —Gracias —susurró.
    
    Un momento después dormía con la cabeza sobre mi pecho. 
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