-
Noche de pasión en Lisboa (V): Odiseo y las sirenas
Fecha: 03/07/2020, Categorías: Sexo Virtual, Autor: alfredo1257, Fuente: CuentoRelatos
... llegando… ¡los zapatos! Vuelvo atrás y tomando los zapatos del suelo, me dirijo de vuelta a mi dormitorio. Hago un montón con la ropa de Amália en el suelo, respetando más o menos el orden al desnudarse y lo mismo hago con la ropa de Ana María. Entro en nuestro baño, cierro la puerta y me doy una ducha. Vuelvo a vestirme y, haciendo el mínimo ruido posible, bajo al salón. Mientras voy yendo, me doy cuenta de que no le he comprado nada a Amália por su cumpleaños. No conozco bien la zona, así que se me ocurre que mañana le pediré a Amália que me deje a Paulinha por la tarde, con cualquier disculpa, y que la niña me sirva de Cicerone. Al entrar en el salón, me dirijo a un sofá Chesterfield, con capacidad para cuatro personas, en el que quiero que me encuentre el servicio por la mañana. Creo que me he desvelado y me va a costar dormirme. Jodidas normas. Nada más poner la cabeza en uno de los cojines, mi cuerpo se desconecta automáticamente y caigo dormido como un bendito. Dom Alfredo… Dom Alfredo… Alguien me agita empujándome un hombro. Entreabro los ojos y veo mi reloj. Las 7:30. Alzo la vista y veo a Marta, la cocinera que me mira con cara de preocupación. Frotándome la cara con ambas manos, me siento en el sofá, dejando las piernas abiertas y los codos apoyados en las rodillas. - Buenos días Marta. ¿Podría por favor prepararme un café bien cargado? - Claro que sí, pero perdóneme la pregunta… ¿qué ha pasado para que tenga que dormir en el sofá, y no con la ...
... señora? - Las señoras están durmiendo en mi cuarto. Ayer con las celebraciones del aniversario de Dona Amália, tuvieron un accidente y decidieron dormir juntas – Le explico mientras le hago un gesto señalando la botella de whisky y le guiño un ojo, cómplice. (Según mis normas y en mi escala de valores, es menos grave “borracha accidental” que “adúltera buscona”). Así que las ayudé a llegar a la habitación y me he venido a dormir aquí al sofá. Procuren hacer poco ruido y déjenlas que duerman hasta tarde hoy. Primer objetivo conseguido. Ahora tengo que lograr hablar con ellas antes de que lo haga el servicio. Acompaño a Marta a la cocina y me siento a la mesa de trabajo, al tiempo que Marta prepara la cafetera. Mientras se va haciendo el café, la cocinera me pone delante un platillo y un pocillo de café, pequeño. Entonces le digo que ese no. He visto una colección de tazas con asa, de esas que se compran de recuerdo, sobre la encimera, así que me levanto y tomando una, la pongo frente a mí, sobre la mesa. Veo de donde es y como no podía ser de otra manera, leo “Recuerdo de Fátima”. Cuando el café está preparado, tomo la cafetera y lleno la taza de un café espeso y negro como mis pecados. Estoy tomando el café, sintiendo como la cafeína recorre mis arterias, cuando oigo entrar a Paulinha, que viene cantando una canción de esas que cantan los jóvenes, que ni tiene música, ni tiene fundamento. Escucho como Marta la detiene en el salón y como le dice en voz baja, aunque no ...