1. Noche de pasión en Lisboa (V): Odiseo y las sirenas


    Fecha: 03/07/2020, Categorías: Sexo Virtual, Autor: alfredo1257, Fuente: CuentoRelatos

    ... preguntarme cuando bajéis. Pero aseguraos de preguntármelo delante de las chicas. Ya hablaremos más tarde con tranquilidad y lo entenderéis.
    
    - De acuerdo – dice Amália.
    
    Me voy de la habitación, procurando que no me vean ni Paulinha ni Marta y salgo de la casona, a pasear por la finca un rato.
    
    Cuando veo que las dos hermanas se sientan a la mesa de la terraza, me dirijo hacia ellas para continuar con el guion de la representación. Al tiempo que yo me voy acercando, sale Paulinha de la cocina con el servicio del desayuno y llegamos al mismo tiempo. Paulinha me pregunta:
    
    - ¿Va a desayunar con las señoras?
    
    - Si, por favor, tráeme otro servicio.
    
    Paulinha se retira para cumplir con en el encargo y le doy un repaso visual a las hermanas. Santo Dios que espectáculo. Parece que les haya pasado por encima un camión y de remate, un terremoto. La cara de ambas es un poema. Aprovecho para decirles:
    
    - Ahora cuando venga Paulinha, me preguntáis donde he dormido.
    
    - No hace falta, ya nos lo ha cascado. Dice que te ha encontrado Marta durmiendo en el sofá cuando llegó a trabajar. Yo creo que hasta se ha enfadado – Dice Amália.
    
    - Ya sabes cómo es Paulinha, no se lo tengas en cuenta – Dice Ana María.
    
    - ¿A qué viene todo esto, Alfredo? No entiendo nada – Dice Amália.
    
    - Piensa en que pasaría si nos encuentran a los tres juntos en la misma cama – le digo.
    
    En la cara de Amália, de repente se refleja la comprensión de las implicaciones de lo que estoy diciendo. ...
    ... Ana María todavía no ha caído en la cuenta. Así que para que no meta la pata, se lo explico:
    
    - Ana María, la relación entre Amália y yo, es pública y notoria, pero tú eres una mujer casada y hermana de Amália. Tu reputación quedaría muy mal parada y le darías armas a tu marido de cara a un posible divorcio.
    
    - Tienes razón, no había caído en eso. Pero cuando te levantaste, en lugar de irte a dormir a la sala, podías haberme llevado a mi habitación.
    
    - Créeme, lo pensé. Pero sabía que despertarte e irme contigo, sola, a una habitación, no era buena idea. Esta mañana al despertar, me lo has confirmado. Te faltó tiempo para menear el culo delante de mí. – Jodidas normas… ¡que culo!
    
    Pasó la mañana, las hermanas subieron a sus habitaciones y con la maestría propia de las mujeres volvieron a recomponer los estragos causados por los excesos nocturnos. Cuando bajaron para comer volvían a ser las dos mujeres de bandera que todos conocíamos.
    
    Tomábamos café Amália y yo solos, ya que su hermana se había retirado a hacer una siesta. Le dolía la cabeza del resacón que arrastraba. Lo cierto es que ayer el que menos había bebido era yo. Un par de copas de vino blanco con la cena y la única copa de coñac que me serví al principio de la velada. Lo de ellas había sido distinto. Además de asistir al palo con el vino de la cena, se habían beneficiado entre las dos la botella de whisky. Esta mañana comprobé que apenas quedaba un chupito en el fondo. Aunque me temo que el reparto de la ...
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