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Bien cogidita
Fecha: 17/08/2020, Categorías: Gays Autor: ámbar coneja, Fuente: CuentoRelatos
Hace dos años que Belén y yo vivimos en Mataderos, en una casa modesta pero bien apacible, confortable y femenina como nos gusta. Por eso no nos costó hacernos fanas de Chicago, y aunque solo fuimos dos veces a la cancha, se nos hizo un ritual juntarnos con un grupo de varones muy amigueros del barrio. Siempre venían a casa para la previa del partido y hacíamos unas pizzas, hamburguesas o panchos, pero todo con mucho alcohol y algo de marihuana, la que comenzamos a consumir cuando llegamos al barrio. Yo nunca fui celosa de otros varones con ella porque me hacía sentir que soy única, y además en los 4 años que llevamos de novias jamás hubo un conflicto por algo semejante. Tal vez la celaba de otras chicas, porque Belu es 10 años menor que yo, y a veces la cabeza se enfrasca en pensamientos indeseados. Igual, siempre fue en silencio. Pero, volviendo a la juntada del fútbol, ayer se me dio lo que tanto revolucionaba a mis fantasías. Llegaron los 7 chicos habituales. Esta vuelta hicimos empanadas y comenzamos a delirar con la entrada de Atlanta y Chicago a la cancha. La tele ruidosa más el desfile de cervezas, el calor de un noviembre denso y la arenga de todos a los 25 minutos del primer tiempo implosionaban en mi piel como algo parecido a tener unas ganas incontrolables de garchar con Belén delante de esos hombres en cuero, sudando pasión y alegría, pues el torito ganaba 2 a 0. Ella permaneció todo el pleito en el sillón a mi lado, sin parar de beber y saltar como ...
... nena en cada jugada peligrosa. Los chicos sabían de nuestra condición, por lo que ni se asombraban cuando Belu y yo nos comíamos a besos o nos enredábamos como babosas en un abrazo cargado de manoseos y cositas al oído. Pero yo tenía un plan para mi diosa. Creo que al pasar alguna vez le conté que me encantaría verla tener sexo con varios pibes, bajo mi supervisión y mis reglas, claro. Esa noche, luego del tercer gol del torito y el descuento de los otros muertos, solo quedamos Mauro, José, Franc y nosotras. Seguimos preparando tragos, fumando, picando algo y riendo de cualquier gansada, ella cada vez más loquita con sus 22 aromando la casa, su remerita blanca, la que se mojaba de vez en cuando por los 30 grados y sus tetas sin corpiño danzantes al moverse intrépida. Aproveché cuando entre mareo y falso equilibrio se fue al baño y los encaré a los tres. Les dije que deseaba que se cojan a mi novia, hoy mismo, apenas vuelva al sillón. Les pedí que no se limiten por mi presencia y que la hagan gozar como a una putita. Los tres me miraron como con admiración aunque también sorprendidos. Belu volvió y se desplomó en el sofá. Pero cuando José replicó: ¡hey Belu, me parece a mí o no tenés bombacha loca?, eso no se hace delante de tres tipos bebé, aunque seas lesbi, sabías?! Enseguida me levanté para que ellos la rodearan, contemplando su figura borracha en silencio, con alguna caricia de Franc a sus piernitas. Me senté en la mesa ratona y me dediqué a mirar. Antes que ...