1. Crónica de una seducción a la tía. Siempre hay un plan B para gozarla


    Fecha: 29/08/2020, Categorías: Gays Autor: Nazareno Cruz, Fuente: CuentoRelatos

    ... me haga disfrutar.
    
    Si no fue así su pensamiento diría que casi, casi.
    
    La conversación discurre por varios temas baladíes, hasta que fue el turno de incursionar por los gustos, aficiones y la vida personal de cada uno. Primero yo, le cuento que estuve de novio, pero desde que vine a vivir con papá cero mujeres, que desde que llegué al edificio ella “me movió la estantería” (desestabilizó).
    
    Ella tiene una hija de, recién casada, estuvo casada y recientemente separada de una segunda pareja. Trabaja en la empresa familiar con su ex esposo y transita el duelo del ex marido y ex pareja.
    
    —Estoy sola desde hace poco más de un año, bueno sola y sin... bueno… eso que te imaginas.
    
    Tomamos la segunda copa. Al sacarse la mochila de la confesión, se va relajando y poniendo más mimosa y confiada. Se quita los zapatos de tacos altos, recoge las piernas y se sienta en el cómodo sofá, sobre ellas, una actitud de sensual intimidad.
    
    La veo hacer y me arrodillo, tomo sus manos y las beso, apoyo mi cabeza en su regazo. No hablamos, para qué, no es necesario. Me acaricia la cabeza, con ternura. Se estremece cuando acaricio sus muslos.
    
    Cierra los ojos, mira con el alma. Los pechos se le elevan, agita la respiración, estremece el cuerpo por mis caricias, más osadas y ardientes. Transitamos un camino sin regreso, mi deseo tiene solo boleto de ida para viajar por el cuerpo de Liliana.
    
    El ambiente, es propicio, tomada en brazos la llevo al dormitorio, sin preguntar. Sobre el ...
    ... lecho, nos miramos por primera vez, nos leemos el deseo y la pasión contenida. Nos entendemos.
    
    Tácito acuerdo, se levanta y me regala el espectáculo de un desnudo a medida de mi calentura. Se va sacando una a una las prendas, el vestido ajustado, las medias, con portaligas. Quedan solo el soutién y una breve tanga negras.
    
    Venía vestida para matar. Se desprendió el soutién y después la tanga, inunda en el ambiente su aroma de mujer, qué caliente se sentía. Se muestra para que regocije mis ojos anhelantes inflamados de lujuria y deseo.
    
    Es mi turno, me desnuda. Primero la camisa, luego cae el pantalón, el slip derrotado por sus manos a mis pies en la caída final. Tiene manos hábiles para las caricias, llega al miembro erecto, acaricia y se arrodillada ante el tótem fálico, ofrenda su adoración, besa con golosa avidez. Prodiga una profunda mamada, metiéndose cuanto pudo del aparato en su cavidad bucal halagando al huésped con la lengua, haciéndome gemir.
    
    Es tiempo de demostrar mis habilidades, saber encontrar sus zonas más erógenas. De espaldas, sobre el lecho, espera. Manos ansiosas y labios sedientos de ella, voy dejando un rastro de saliva en su cuerpo. Me inicio en el cuello, paso por los pechos agitados, descanso en cada uno de los gruesos pezones, rosados y erectos. Salgo del oasis para incursionar en el páramo del vientre plano y endurecido por el gimnasio, me extasío en la orilla de sus olas.
    
    Llego al triángulo angelical, negro follaje enrulado que cubre el ...
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