1. Sensaciones con carácter retroactivado


    Fecha: 29/08/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Tothem, Fuente: CuentoRelatos

    ... recibiendo un afirmativo de parte del ayudante levantando el pulgar; que recuerdos de road movie le volvían a Elvira.
    
    A cabo de unos kilómetros, tras media hora pararon en avituallamiento, Elvira no tenía pensado comer los bocadillos de fiambre que se repartían. Elvira inicio un pequeño paseo entre las dunas y la maleza, no tardo en oír cuchicheos, expectante miro tras un matorral, tras él una mujer a gatas mamando con ganas el cipote de Serpiente al mismo tiempo que tres dedos estaban dentro de un gran clítoris.
    
    – ¿Tenías ganas ehh, so guarra?
    
    – Sí, me gustas mucho.
    
    – Coge posición, debemos darnos prisa, ponte a lo perro.
    
    A cuatro patas ella estaba esperando, Serpiente bajo un poco la cadera, la postura no era ideal, era bajita y la picha no quedaba al mismo nivel, era a todas luces una follada de perfil bajo.
    
    – ¡Me cago en la hostia puta! Ponte en el montante del quad y saca culo, no consigo enchufar.
    
    Ahora sí, se puso en el montante del quat y la raja le quedo a la misma altura, semi abierta de piernas recibió el primer vergajazo, fue una embestida rotunda y contundente acompañado de un bramido de ataque, señal inequívoca que el coño estaba a nivel. Ella ronroneo como una gata. Saco toda la polla y volvió a penetrarla al mismo tiempo que le hostiaba las nalgas; adelante, atrás, semicirculo al vuelo de tacada… “toma por puta”. Las embestidas se volvieron frenéticas, la bombeaba a ritmo estratosférico, ella empezó a tener espasmos, ruidos de chof, ...
    ... chof, chof, plof, plof, un argggg, ohhhhh. El tiempo quedo suspendido en silencio, Serpiente se desaclopó y quedo a la vista un coño que goteaba semen. Serpiente, camino unos metros para atrás y con ella, apoyada aún en el asiento y mirando para atrás vio al Serpiente echar una abundante meada, la orina era impulsada para arriba, aún llevaba medio empalme.
    
    Elvira en esos momentos tuvo pensamientos pretéritos de veinte años atrás y fueron los de su primera enculada.
    
    El día que le iban a encular coincidió con su segundo año universitario, era fin de curso y lo estaban celebrando con unas amigas, ese mismo día, en el mismo lugar conoció un motero, el cual se ofreció para llevarla los treinta kilómetros que recorría en bus, le gusto ese aire desenvuelto y la chupa de cuero. Aquel día, sentada en la trasera de la Harley se sentía independiente, con esa percepción de madurez interior que da la juventud. Ese mismo día en el semáforo de la salida de la urbe, pero en direcciones opuestas coincidió con otra Harley –motero veterano, entrecano, con melena y perilla– el cuál en un movimiento de hombros, al estilo gestualidad motera le preguntaba a dónde iba, contestando el otro con el movimiento índice y pulgar un redondel y con el índice de la otra mano entraba y sacaba; el veterano motero levantó el pulgar arriba al mismo tiempo que cambiaba el sentido de su marcha para ponerse los dos en la misma ruta. Varios kilómetros después se desviaron. Elvira, con su tanga negro bajo el cual ...
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