-
Sufro de fiebre sexual por falta de macho
Fecha: 21/10/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Arandi, Fuente: CuentoRelatos
... que yo había tenido en aquellas noches solitarias, en las que el calor me desbordaba en plena cama, no se comparaban en nada nadita con lo que estaba viviendo. Sentía como aquél clavada su cara en mi trasero; cachetes contra mejillas, así estábamos. También comenzó a dedearme ahí. Lo que antes imaginé no se comparaba con lo que estaba sintiendo. —Tiene un rato que no saboreo una pepita nuevita —le escuché decir a Mateo. Él me giró sobre la cama y quedé patas pa´ riba. Mateo comenzó a darme lengua en tal postura. —Que te chupen la panocha “deveras” que es algo bien rico —confesé. —Pero que te la acaricien al mismo tiempo es todavía mejor —me respondió Mateo al mismo tiempo que me metía dos de sus dedos en plena raja sin dejar de chuparme el capuchón. Yo sentí como si me saliera de mi cuerpo mientras experimentaba lo prohibido. —“Deveras” que estás nuevecita. Tu puchita se siente bien apretadita —me dijo mientras seguía mete y saque sus dedos en mí. De pronto, tras dar una última lamida que recorrió desde mi ano hasta toda mi raja, se irguió y, tomándome de las pantorrillas, me levantó y abrió mis piernas. —¿Qué te parece si te la meto ahora? —me preguntó y yo lo quede viendo sin poder decir palabra. La mera verdad sentí miedo. Pero no me podía echar para atrás en ese momento. Después de todo, todo lo que había vivido ese día había sido nuevo y maravilloso. Ahora, ya con serenidad, lo veo claro. No debía esperar que lo siguiente fuera menos, sin ...
... embargo, en ese momento dudé. —No te creas chaparrita —dijo Mateo sonriéndose y yo pensé: «...y ´ora, ¿me va a dejar así nomás? ¿Pu´s qué es esto? ¿De qué se trata?». Aún te falta por aprender otras cosas antes de comerte lo mero bueno —él continuó. Fue así que, inmediatamente, Mateo me enseñó a cómo chupárselo... Sí, la mera verdad podría decirse que fue él quien me dio cátedra en eso, ´ora sí que como luego dicen tus hijas, ¿no? Bien pues, luego, me hizo que le pusiera el condón con la boca. No fue tan fácil, la mera verdad, pero lo hice. —Bien, ¡ya está! —le dije cuando por fin el gorro le cubría su pene. Mateo me tomó y me volvió a colocar recostada sobre mi espalda, con las piernas a lo alto y lo suficientemente abiertas para que mi sexo quedara expuesto. —Tranquila, relájate —me decía Mateo a la vez que su tiesa carne se colocaba en posición y, muy poco a poco, se abría paso por entre mis labios virginales. —¡Ahuuuuu...! —por fin grité al sentir el tremendo dolor. Creo que mi grito bien pudo rebasar las paredes de esa casa, pues fue intenso. —Calma amor, calma. Ya pronto viene el placer —dijo Mateo y no mentía. En tan solo unos minutos más los gritos ya no fueron de dolor... —Ay, ay, ay... así mi amor, así papito. ¡Qué rico...! ¡Qué rico es esto! ¡Uy... no me lo puedo creer! —dije, grité—. ¡Mmmmm. Delicioso! Tuve a Mateo a mis espaldas, abriéndome las piernas a todo lo que dan y metiéndomela bien recio. Luego, nos entrepiernamos como ...