1. Sufro de fiebre sexual por falta de macho


    Fecha: 21/10/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Arandi, Fuente: CuentoRelatos

    ... si fuéramos tijeras entrecruzadas.
    
    Me tuvo bien abierta y sujeta de mis muslos, dándome sentones sobre él, mientras él estaba en cuclillas (no sé cómo me aguantaba tanto en esa postura).
    
    Me la metió estando yo de espaldas a él y recostada bocabajo. Con fuertes chasquidos, él estrellaba su cuerpo contra el mío... uyyy... fue una cosa bien pero bien hermosa. Te lo juro, con esos momentos tuve varias dedeadas tiempo después, con tan sólo recordar.
    
    Mientras estaba sentada sobre él, con mis piernas atenazadas a su espalda, y subiendo y bajando lentamente, ¡tuve el primer orgasmo de mi vida!
    
    Sí, si te digo. Yo fui otra después de conocer a Mateo Capistrana. Él fue un hombre muy especial en mi vida.
    
    Bueno, pues mientras él me penetraba desde atrás yo sólo sonreía de placer. Estaba completamente bañada en sudor. Todo mi cuerpo estaba empapado. Sudorosa por el calor generado entre ambos, estaba mojada toda.
    
    Tal labor no podía tener otra consumación que una calidez nunca antes apreciada por mí. Una tibieza que sentí en la intimidad de mi ser. Percibida pese a verse guardada tras el látex que separaba su piel masculina de mi tersura femenina.
    
    Instantes después, ambos, yacíamos en cama, reposando de tan tremenda jornada.
    
    Yo descansaba al cobijo de uno de sus fuertes brazos mientras que él calmaba su agitada respiración.
    
    —A qué tu prima Gertrudis. No pues, la mera verdad, esto sí se lo voy a agradecer —me dijo Mateo y así rompió el silencio.
    
    —¿Qué, el ...
    ... presentarnos? —le repliqué.
    
    —Ey.
    
    Sonreí feliz, pues pensaba de forma similar. No cabía duda, tenía la mejor cuñada del mundo.
    
    —Ya tenía rato que no desquintaba.
    
    —¿De verdad? Gertrudis me dijo que eras el mero macho desvirgador de estos “lares”.
    
    Mateo se rió.
    
    —Ah que la “Gechu”. Pues sí, la verdad. Nomás que por un tiempo lo dejé. Quiero decir todo, no sólo el desvirgue, sino que dejé de ponerle a la que se me ponía enfrente.
    
    —¿Y por qué? Necesitabas un descanso o...
    
    —No, qué va. No, es que ya no era lo mismo. La mera verdad, se me había convertido en vicio. En una cosa que sólo llenaba un vacío.
    
    Fue así que Mateo Capistrana se sinceró conmigo [...]
    
    —Así que eras casado —dije, después de que me contó su vida.
    
    Ni siquiera lo hubiera pensado.
    
    —Lo soy aún, bueno, al menos aún no me he divorciado y... me dirás pendejo, pero aún espero que algún día regrese.
    
    Le acaricié el vello de uno de sus morenos brazos, al mismo tiempo que lo escuchaba.
    
    —Y ahora, ¿piensas volver a las andadas? —le pregunté con una sonrisa.
    
    Él rió.
    
    —Pues ya sabes lo que dicen, un calavera es un calavera y nunca abandona, sólo reposa un poco. Además debo cumplirle a tu prima —dijo Mateo y me quedé de a seis.
    
    —¿Cómo?
    
    —Pues sí. Me hizo prometerle que si me traía a una verdadera señorita que efectivamente estuviese rica, y me devolviera los ánimos de coger pues... vamos, pues que a la siguiente en echármela al plato fuese a ella.
    
    —¡¿Qué?! —gritó Olivia.
    
    —Sí. La ...
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