1. Un hombre casado (mecánico) me convierte en su puta. Parte II


    Fecha: 25/10/2020, Categorías: Gays Autor: EduardoDz, Fuente: SexoSinTabues

    Después de aquella noche en la que me hizo tragarme toda su leche, yo había quedado con una sensación de desconcierto, asco y a la vez, de calentura y deseo. Sin embargo, no quise regresar a trabajar con él. Me negué rotundamente a saludarle las veces que fue a la casa a visitar a mis padres, y algunas veces mi padre me dijo que él le compartió que me necesitaba mucho en el taller… que regresara a trabajar. Que me iba a pagar más… Mi padre no veía por qué yo había dejado de ir, y por qué me negaba en volver. Y se me hacía un descaro que este hombre hablara con mi padre de que volviera, como si no le importara que yo hablara y lo acusara… También me sorprendía que yo no lo hubiera acusado. No sabía qué me pasaba. Y me asombraba su descaro… tanto que algunas veces me masturbé pensando en él, me metí algunas cosas en el culo, pues ya lo había hecho antes, pero no tan grandes palos como estas veces. Estaba demasiado excitado, y me metí algo que nunca me había metido, la parte de agarrar de un peine grueso, casi tan grueso como un pepino, pero no. Lo metí, imaginando a ese hombre asqueroso y musculoso. No pude durar mucho con eso en el culo, solo le di unas cuantas metidas y sacadas y ya estaba hecho un desastre de gemidos y me había escurrido… Al finalizar esa primera vez, sentí asco de mí mismo, me sentí culpable, y trataba de olvidar eso el resto del día. Las cosas estuvieron así, hasta un par de meses, en los que conocí otros chicos (luego les contaré de ellos), pero no podia ...
    ... olvidar esa experiencia del taller. Un día pasó algi inesperado…, yo salía de la escuela, lo miré ahí afuera de mi colegio. Como yo iba solo, intenté desviarme de camino y cruzar una calle, pero él me abordó de inmediato. ––¿A dónde crees que vas, Eduardito? –me dijo, tomandome del brazo, sin importarle que había muchas personas alrededor, alumnos, padres, maestros. No contesté nada, seguí caminando y él me siguió. ––¿Estas actuando bien digno, chiquito? –preguntó, riendose–. Perdón, pero es que estás bien rico, no pude evitarlo… ¿No me has acusado con tus papas, verdad? Estabamos parados en una esquina ya solos, y yo estaba por cruzar la calle. ––¿Por qué no me has acusado con tus papas? –me preguntó otra vez, pero su tono de voz ya no era amigable, ahora que estabamos solos, comenzó a hablarme como macho rudo–. ¿Te ha gustado, verdad, perrita sucia? ¿Quieres que se repita? ¡Te estoy hablando, marica de mierda! Rápido crucé la calle y subí a un autobus, lo miré en la esquina aún, mientras me sentaba en el autobus. Él me miraba fijamente, con ojos de lujuría y enojo. También alcancé a ver a su esposa que salía del colegio con una sobrina de ella. Como que habían ido a recogerla, así que le habló, y él se giró para caminar con ellas al estacionamiento… Al llegar a mi casa, descubrí que tenía un mensaje de él en el celular. Y decía así: “Mira, pedazo de guarra, YO SÉ QUE TE HA ENCANTADO MAMARME mi herramienta. Y quieres más. Que no me hayas acusado es la prueba de que eres una ...
«1234»