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La apuesta.
Fecha: 27/10/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... la cubierta, parecía ser de “La sonrisa vertical”. Pensé que no podría soportar tanto calor exterior e interior. Me daba cierta vergüenza estar haciendo de mirón, pero no podía quitarle la vista de encima. Al menos el calor interior no pudo soportarlo mucho porque abrió las piernas y se llevó una mano a su chocho. Movía la mano despacio, tocándose el clítoris y los labios menores. Me pregunté si aquella mujer no podía estar en su jardín para hacerse un dedo y no allí donde podía verla e ir poniéndome cada vez más caliente. Se me puso el nabo como una piedra sin siquiera tocármelo. Decidí hacerme un pajote dedicado a la casera. Sabía que donde estaba se me podía ver desde el jardín perfectamente, pero a mí no sólo no me importaba, sino que me ponía que pudiese ver el pajote que me estaba haciendo a su salud. Con las gafas de sol no podía saber donde miraba, pero su mano cada vez iba más rápida y sus dedos se perdían más dentro de su raja. Creo que acompasamos los movimientos no sabía si yo la seguía a ella o era ella la que me seguía a mí. Para colmo de mi calentura, empecé a oír los gemidos que emitía cada vez más fuerte. Dejó el libro y con la mano que no tenía ocupada en su rajita se apretaba las tetas, se las sobaba y las subía para chuparse los pezones. Yo no iba a poder aguantar mucho más, estaba deseando correrme y poder relajarme… Me despertaron unos ruidos que debían venir del piso de Rosa. Eran gemidos, o Rosa había puesto una película guarra o se ...
... estaba haciendo una paja de cuidado, bueno esto último en cualquier caso, con porno o sin porno. Era la primera vez que escuchaba algún ruido del piso de Rosa, pero al parecer la calentura que le había confesado a Antonia le había podido esa tarde. Seguí escuchando con algo de vergüenza ajena, pero no podía hacer otra cosa, no iba a bajar a decirle que estaba oyendo la paja que se estaba haciendo. Al rato, ya sobre las ocho de la tarde, como no paraban los gemidos, pensé que igual estaba con alguien y por fin estaba desfogándose. Los jadeos a todo volumen me estaban poniendo otra vez cachondo perdido y esta vez decidí no reprimirme. Me bajé los pantalones, me agarré el nabo y empecé el sube y baja. De pronto se fue la luz del apartamento. Debía haber saltado algún interruptor del cuadro, lo malo es que el cuadro estaba dentro del piso de Rosa. Esperé a que se me bajara la erección. Los gemidos habían callado, el problema de la luz debía afectar a los dos pisos. Me armé de valor y bajé con una linterna, lamentando que le iba a cortar el rollo, fuera el que fuera, pero no podía estar sin luz. Rosa estaba en su puerta liada en una toalla blanca, que se sujetaba trabada sobre sus tetas y que escasamente le cubría el chocho. - ¿También se os ha ido la luz? –Preguntó-. - Sí, pero el problema debe ser de la casa, en la calle hay luz. Mientras le contestaba observé que estaba roja como un tomate y el pecho se la movía como si hubiera estado haciendo un esfuerzo físico ...