1. La apuesta.


    Fecha: 27/10/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... tobillos. La polla que lucía era descomunal, descapullada y segregando líquido preseminal que me caía por encima del ombligo.
    
    -¿Y con esta cosa tan bonita Antonia no te hace caso? Hay mujeres que no valoran lo que tienen en casa. –Dijo Marina acercándose a mí-.
    
    -Vamos a tener que hacer algo para que puedas terminar de ver las prendas más tranquilo –Dijo Rosa acercándose también y finalmente cogiéndome el nabo por el tronco, sobre el que no podía cerrar la mano.- A mí no me cabe en la boca y a ti –le preguntó a Marina-.
    
    -A mí seguro que tampoco, mi novio la tiene más pequeña y no me cabe.
    
    Estaba descubriendo que tener semejante pollón tenía sus ventajas, pero también sus inconvenientes. Rosa se soltó las trabillas del bodi, dejando al descubierto su precioso chochito, se puso a horcajadas sobre mí y dijo:
    
    -Pero yo sé donde me cabe –diciendo eso se dejó caer metiéndosela hasta el final poco a poco y dejándose caer sobre mi pecho con tal fuerza que casi no podía respirar por la presión de sus tetas-.
    
    Marina no perdió el tiempo y echándose al suelo metió la cara bajo el culo de Rosa y empezó a chuparme y a comerme los huevos.
    
    Cuando más estaba en la gloria sonó el puto despertador sacándome del sueño y devolviéndome a la cruda realidad con un calentón de tres pares de cojones. Me tuve que hacer otra paja mientras me duchaba para que se me bajara.
    
    El fin de semana siguiente Antonia se fue a ver su familia y yo me quedé trabajando en el apartamento. No ...
    ... quería encontrarme con Rosa en la entrada. De la impresión que me producía me quedaba hecho un pasmarote, casi incapaz de hablarle o de mirarla y terminaba sintiéndome un idiota.
    
    El sábado me levante tarde y tomando un café miré por la terraza hacia el jardín. Rosa estaba boca abajo tomando el sol desnuda. Casi me descubre mirándola, cuando me atraganté con el café de la impresión. Su culo era simplemente espectacular, apretado, duro, del tamaño justo, con forma de melocotón, un poquito más pálido que el resto del cuerpo, las tetas le desbordaban por los lados, demasiado volumen para poder ser escondidas. Comencé otra vez a tocarme, pero aquello ya me parecía demasiado. Volví al salón y traté de trabajar un poco, pero las imágenes de Rosa desnuda o en ropa interior se cruzaban en la pantalla del ordenador y no lograba fijar la atención en nada que no fuera su cara, sus tetas, su culo, su vientre, sus piernas, ¡su todo, coño!
    
    Después de comer me eché una siesta en el sofá del salón y me quedé frito. Volví a soñar con Rosa.
    
    Aun cuando todavía no era verano, hacía mucho calor. Me había echado en la cama para intentar dormir la siesta, pero era imposible. Decidí darme una ducha para intentar refrescarme. Al salir del baño desnudo miré hacia el jardín y allí volvía a estar ella tomando el sol desnuda, esta vez sentada en la tumbona, sólo un poco inclinada. ¡Joder, estaba buenísima! Llevaba una pamela para defenderse del sol y unas gafas de sol. Estaba leyendo un libro que, por ...
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