-
La apuesta.
Fecha: 27/10/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... un montón de veces. Cuando nos planteamos lo de vivir por la zona, recordé que Rosa me había comentado que había preparado un apartamento en la planta alta de su casa. Vine a verla y quedamos en el alquiler. Hablando con ella, me contó que desde que su ahora ex marido le fue infiel, se había quedado pillada con que todos los hombres eran iguales, que todos, más tarde o más temprano, con mayor o menor facilidad, son infieles a sus parejas y que esta idea no le permitía mantener una relación estable. Yo le dije que eso no era así con todos los hombres, que confiaba en ti ciegamente y que no me serías infiel nunca. Pero ello continuó en sus trece y me propuso hacer la prueba de que, con algo de trabajo, terminarías cayendo. Acepté, pero le dije que teníamos que jugarnos algo. No daba crédito a lo que estaba oyendo, me zampé el whisky de un trago y me serví otro de la botella que estaba en la mesa. Antonia continuó: - Planeamos una estrategia que debo concederte era perversa. Yo te tendría a palo seco desde que viviéramos aquí y luego iríamos subiendo el listón, primero el triquini, después el “topless”, luego las fotos en ropa interior, para, finalmente, el desnudo de Rosa de esta mañana y la escena de acoso del baño, aprovechando que supuestamente estabas sólo. - ¡Sois dos hijas de puta como la copa de un pino! Me habéis tenido malo de la calentura durante más tres semanas. - No te enfades Carlos, que todavía no te hemos contado que nos jugamos y eso te va a ...
... gustar –continuó Antonia-. Por primera vez habló Rosa. - Acordamos que si caías en la tentación y ganaba yo, las pasarías putas en el resto de vuestra estancia en el apartamento, pero que si no caías y ganaba Antonia, tendrías como recompensa hacer con nosotras dos lo que quisieras, todo lo que quisieras, como premio al puterío que te habíamos hecho pasar. No podía creer aquello, o sea, que encima el objeto de la apuesta era yo, que no había tenido vela en el entierro. Estaba tan ofuscado que no comprendía lo que Rosa me estaba queriendo decir. - Carlos, no has entendido lo que te ha dicho Rosa, ¿no? –Dijo Antonia-. - Antonia, yo no entiendo nada de lo que está pasando –le contesté-. - A ver Rosa, se un poco más expresiva –continuó Antonia-. Rosa se levantó de la silla, se quitó el albornoz, quedándose otra vez completamente desnuda, se sentó en mis piernas y dijo: - Antonia y yo hemos acordado que puedes hacer con cualquiera de nosotras o con las dos juntas todo lo que quieras, que puedes pedirnos lo que más te apetezca y te complaceremos con mucho gusto, todo el tiempo que paséis en esta casa. En ese momento, con Rosa desnuda sentada en mis piernas, comprendí lo que me estaban diciendo: ¡que durante los próximos días o meses iba a ser el hombre más afortunado del mundo! Miré a Antonia, que tenía su sonrisa de cuando estaba cachonda, y asintió con la cabeza sobre lo que había dicho Rosa. No me lo podía creer, así que pregunté mirando a las dos ...