1. La apuesta.


    Fecha: 27/10/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... alternativamente:
    
    - ¿Dónde está la trampa? ¿Seguís todavía con el jueguecito y esto es el último peldaño del puteo?
    
    - No Carlos, –contestó Antonia- el juego anterior ha terminado y ahora empieza otro más interesante para los tres. -Diciendo esto se levantó y fue desnudándose lentamente, hasta quedarse en pelotas como Rosa, para después acercarse a mí y plantarme un beso de tornillo con lengua hasta la garganta.
    
    Pensé en casi todas las cosas que podría hacer con aquellas dos bellezas, posiblemente a los lectores de este relato todavía se le ocurran más posibilidades, pero tenía tal cabreo con las dos, pero sobre todo con Antonia, que las cosas no podían quedarse ahí. Levanté a Rosa de mis piernas y con una erección de campeonato me levanté y les dije que me iba al apartamento y mirando a Antonia le dije que no se le ocurriera subir, que durmiera en casa de su amiga o donde le diera la gana. Salí del jardín y subí sin mirar atrás.
    
    Eso es lo que tiene pensar cabreado y con la polla dura, que se piensan muchas tonterías. Me di cuenta en el momento de cerrar la puerta del apartamento, ¡era gilipollas! Sólo, caliente y cabreado, en vez de estar con aquellas dos mujeres follando que es lo que yo de verdad quería. Pero a lo hecho, pecho. Al recordar aquella frase se me pusieron por delante los pechos de Rosa y casi me echo a llorar, ¡cómo podía ser tan tonto a mi edad!
    
    Me puse un whisky y me senté en el sofá, recordando la situación que teníamos cuando me dio el ...
    ... ataque de dignidad y me levanté. Rosa desnuda sentada en mis piernas, Antonia, también desnuda, besándome. Al rato pensé otra teoría, no había sido mi dignidad ofendida, sino el miedo a estar con aquellas dos mujeres a la misma vez. Finalmente, y tras dos whiskys más me quedé dormido en el sofá.
    
    Podría contar que soñé con ellas, pero sería mentira o al menos no toda la verdad, porque lo cierto es que, con la mano de whisky que llevaba encima, no recuerdo haber tenido ningún sueño.
    
    Me desperté tarde, resacoso, empalmado y arrepentido cuando sonó el timbre de la puerta. Pensé cómo podía dar marcha atrás, pero no tenía la cabeza para pensamientos complejos. Abrí y era Rosa con el albornoz de marras.
    
    - ¿Podemos hablar? –Me dijo-
    
    - Si pero bajito. Pasa iba a hacer café, ¿quieres?
    
    - Si por favor. ¿Puedo sentarme?
    
    - Claro –le dije mientras iba a hacer el café-.
    
    Serví el café para los dos y me senté en el sillón frente a ella.
    
    - Carlos, Antonia y yo queríamos disculparnos contigo. Nos hemos pasado mucho con la apuesta y con la situación tan comprometida en la que te hemos puesto. No tenemos disculpa…
    
    Perdí la atención a lo que estaba diciendo. Estaba bellísima y además con los movimientos separó un poco las piernas y pude ver su chochito rubio. Iba desnuda debajo del albornoz. Volví a empalmarme. Pensé que debía llevar unas pintas horribles, resacoso, recién despertado y sin asearme. Volví a atender la conversación de Rosa.
    
    - … lo que te dijo Antonia ayer es ...