1. La apuesta.


    Fecha: 27/10/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... Lamenté mi torpeza con los móviles, pero finalmente di con las fotos. ¡Impresionantes! Las fotos del Playboy o del Penthouse que veía a escondidas en mi juventud se quedaban muy cortas al lado de aquellas. Las fotos eran una orgía de tangas, culotes, bragas, sujetadores, bodis, ligueros, medias, pantis,…etc., que lucía Rosa de manera inenarrable. Me gustaría tener palabras para describirlo aquí, pero no las tengo. Algunas braguitas transparentes me permitieron ver que Rosa llevaba una matita de pelo rubito muy recortado en el chochito.
    
    No pude soportarlo más y pese al riesgo que corría que me pillase Antonia, me saqué el nabo y me hice un pajote como en mi juventud mirando las fotos de aquella diosa. A mi edad me estaba convirtiendo de nuevo en un pajillero, pero es que no podía soportar el calentón que me producía aquella esplendida belleza mafura.
    
    Pese al pajote, volví a dormir mal, teniendo sueños lúbricos con Rosa. Desgraciadamente no recuerdo más que uno con claridad.
    
    Era ya tarde, casi las ocho y media, hora de cierre de la boutique de Rosa. Entré y estaban ella y la chica que tenía contratada como dependienta. Me saludó Rosa:
    
    -Hola Carlos, ¿qué te trae por mi tienda?
    
    -Hola Rosa, perdona la hora, pero mañana es el santo de Antonia y quería regalarle algo de ropa interior sexi. Desde que llegamos aquí estamos un poco distanciados, vamos que no me hace ni caso, y quería aprovechar el evento para superar el bache. –No sabía porque le había contado nuestras ...
    ... intimidades, si Antonia y yo follábamos mucho o poco-.
    
    -Me parece una idea estupenda, ¿habías pensado en algo?
    
    -La verdad es que no, confiaba en que me pudieses ayudar tú que sabes más de esto.
    
    -No te preocupes, has venido al sitio adecuado. Marina, trae algunas cosas divertidos.
    
    Miré a Marina, la dependienta, que estaba terminando de guardar cosas. Era igualita que Antonia, vamos que podía ser Antonia. Igual de cuerpo e igual de cara, pero en el sueño no tenía duda de que no era ella.
    
    Marina puso sobre el mostrador dos bodis, dos corsés y dos saltos de cama. Uno de los bodis era rojo, casi transparente, cerrado al cuello y con encajes de cintura para abajo, que lo convertían en transparente. El otro era negro, también casi transparente, con escote palabra de honor y unos sugerentes lacitos por delante para cerrarlo. De los corsés, uno era blanco, dejaba el pecho al aire, parecía muy entallado y le colgaban unas tiritas para coger las medias, el otro era negro, con una infinidad de presillas por delante para correr una cinta y también con las tirillas para coger la medias. Los saltos de cama eran ambos negros, muy cortos, transparentes, uno con mangas y otro sin ellas.
    
    -Son muy bonitos todos, pero no me hago una idea de cómo quedaran puestos. ¿Tienes un catálogo para ver cómo quedan? –Le pregunté a Rosa-.
    
    -Debería tenerlo, pero como estamos a final de temporada creo que los hemos tirado. –Contestó Rosa y continuó:- Marina, cierra que la puerta que ya es la ...
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