-
Malena 12
Fecha: 31/10/2020, Categorías: Gays Autor: relator23, Fuente: CuentoRelatos
... poco a poco, durante todo el día, había ido enterrándose en mí intimidad. Era la hora de mi dosis de su droga. Así cada día. Una vez me amenazó, con su voz tan baja que era casi ininteligible, que no me lo haría más si no le prometía dejar que él complaciera algunos antojos que tenía conmigo. Estaba en sus manos: ya yo había concientizado el hecho de que no eran mis orgasmos los que me liberaban de la pena, sino, que era el suyo el que me rescataba. Esa vez, le contesté que aceptaba, él sonrió y me tocó uno de los pezones. Un leve orgasmo me hizo trastabillar y me quedé tambaleante mientras él sostenía abierta la puerta del ascensor. Esa vez, y las siguientes, tuve que dejar que se deleitara escudriñando mi cuerpo -especialmente sus orificios- en todas las formas que se le ocurrieron. Me lamió desde la punta del pie hasta mis orejas; y yo: orgasmo y orgasmo, retorciéndome de placer ante cada una de sus incursiones en mis zonas erógenas, era su juguete sexual de lujo, un lujo que pocos habían logrado darse. Cuando sentía que ni él ni yo podíamos más, se enchufaba en mi tomacorriente y el chispazo me hacía gritar, sacudirme y revolcarme como posesa. Allí terminaba mi mal, me vestía y me iba. Un día, durante el almuerzo que nos habíamos acostumbrado a tomar juntas mi compañera de actividad sexual y yo, la chica me confesó que notaba que ya no le hacía tanto efecto la proximidad del hombre. Me atreví a indagar, preguntándole directamente que qué pensaba ...
... acerca de lo que había sucedido en ella, y su respuesta fue que venirle la menstruación y dejar de desear al mamarracho, todo había sido una misma cosa: - por lo visto te lo vas a tener que llevar tú solita desde hoy… ¡buen provecho! Ella, no volvió a buscarlo a la hora de la salida y al tipo no pareció importarle y ni siquiera pareció enterarse. Y yo, debido a mi obnubilación, no vi la relación entre menstruación y ganas. Ese día escapé antes de que la atormentadora presencia de mi fantasmal compañero se materializara, me trasladé a un lugar que el gerente de la sucursal, Rafael, me había recomendado para cambiar la rutina del hotel. DORA, RAMÓN Y EL KAHLÚA. Era un sitio bonito, alegre, fresco, con música folklórica y comida típica; no había muchos parroquianos a esa hora. Me relajé y pedí un buen whisky para celebrar mi exitosa huida. Esperanzada en que quizá para mañana ya la fiebre que me corroía ya hubiera cedido -como pasó con la muchacha- me relajé y me dispuse a pasarla bien hasta que la probabilidad de encontrarme con el hombre en el hotel hubiera disminuido a cero: él acostumbraba a acostarse temprano. Al poco rato una pareja me saludó de lejos, creía haberlos visto en alguna parte. Me invitaron a su mesa. El kahlúa, licor desconocido para mí, hasta ese momento, fue mi perdición. Ellos me lo presentaron y yo me enamoré de él, me entregué a su aroma, a su sabor y al rito de su servicio con semillas de café flameadas en la propia copa. Me dejé ...